domingo, 22 de mayo de 2011

Rufufú (1958)

Tomando como punto de partida la exitosa Rififí (Jules Dassin, 1954), el gran dúo de guionistas italianos Age-Scarpelli idearon un argumento que dio pie al guión escrito por ellos mismos, por la no menos talentosa Suso Cecchi D'Amico y por Mario Monicelli, director de esta divertida desventura que detalla la planificación y ejecución del golpe perfecto más imperfecto de la cinematografía italiana (y puede que de la mundial). Y resulta tan imperfecto como cada uno de los miembros del grupo de granujas de medio pelo que planea entrar en el Monte de Piedad para, una vez dentro, abrir la comadre, según ellos la madre de todas las cajas fuertes. Para acariciar el éxito del proyecto deciden emplear un método científico que les permita tener todo bajo control, sin embargo, sus personalidades, y la falta de medios económicos, les aconseja que se conformen con un material de segunda, tan inservible como el empeño y el esfuerzo de llevar a cabo su intención. Todo el asunto se pone en marcha poco después de que Cosimo (Memmo Carotenuto), un delincuente sin suerte, sea pillado in fraganti en su intento de robar un automóvil, acto que le reportará su consiguiente estancia entre rejas, la cual trastoca su próximo delito, que según él sería el definitivo, ¡el más grande!. Ansioso por salir del correccional ofrece una cantidad de dinero al primo que se declare culpable del delito que a él se le imputa, y éste individuo no es otro que Peppe (Vittorio Gassman) (boxeador venido a menos, si es que en algún momento fue más), quien acepta confesarse autor del mismo; aunque sus palabras no logran engañar a ese magistrado que decide condenarlos a ambos. Dentro del presidio se observa como la amistad entre Peppe y Cosimo se afianza hasta el punto de que el segundo confiesa al primero su plan perfecto, ignorando que su compinche va a ser puesto en libertad en breve. Después de despedirse realizando un gesto que deja clara la intención de ejecutar el proyecto sin la colaboración del planificador, este truhán recién liberado se erige en el cerebro de la operación; y su primera decisión no puede ser más acertada, pues reúne a un grupo de habituales don nadie: Tiberio (Marcello Mastroianni), fotógrafo con un bebé a su cuidado; Ferribote (Tiberio Murgia), siciliano protector del honor de Carmelina, su hermana (Claudia Cardinale); Mario (Renato Salvatori), huérfano que pretende a la hermana de Ferribote; Capannelle (Carlo Pisacane), anciano de pocos movimientos que se deja gobernar por el resto, forman un equipo de galácticos que e completa con el fichaje estrella de un maestro en abrir cajas fuertes (Totó). El grupo muestra, en conjunto o por separado, su propia incompetencia cuando se presentan los contratiempos, que estarían relacionados con la puesta en libertad de Cosimo, con la relación a escondidas de Mario y Carmelita o con Nicoletta (Carla Gravina), la criada de quien Peppe se enamora, y que posee las llaves del piso por el que piensan acceder al Monte de Piedad. La exclamación de Campanelle: <<¡Peppe, no seas loco, que te van a hacer trabajar!>> resume a la perfección como son estos primos y cuál es el motor que les impulsa a actuar como lo hacen. El éxito de Rufufú (Il soliti ignoti) (mal titulada en castellano para relacionarla con Rififí) fue enorme, su magnífica acogida acarreó la inevitable aparición de proyectos que imitaron su fórmula, pero sin alcanzar la calidad de los detalles que pueblan esta comedia tan divertida como imprescindible.

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