La vena satírica de Cesare Zavattini, suyo es el argumento y el guion, y de Vittorio De Sica brilla sobre el Nápoles de El juicio universal (Il giudizio universale, 1961). Se trata de una ciudad concreta, pero representa una cultura y una sociedad marcada secularmente por el catolicismo y por las diferencias socioeconómicas. Y aunque haya perdido religiosidad, no ha perdido su base religiosa. Es decir, que no basta que la sociedad se transforme en laica o elija serlo para que desaparezcan condicionantes morales y tradiciones que se heredan y perviven incluso en la forma de ser de las personas, sean o no creyentes; de ahí que los unos y los otros acaben por aceptar lo inevitable del asunto: que serán juzgados, y solo por este motivo existe culpabilidad, arrepentimiento y temor al castigo. Sin la amenaza del juicio o sin esa voz insistente, que primero es desoída y luego asusta, no habría culpa y todos los personajes del film seguirían como si nada, tal cual sucederá cuando la tormenta amaine y la calma y la condición humana vuelvan a reinar. Existe un sedimento secular que, aun pasando desapercibido, forma parte de la identidad moral, cultural y social, digamos que de la idiosincrasia, ya no solo de los napolitanos, sino de Italia y otros países que, cada cual con sus particularidades, comparten su origen latino, católico y mediterráneo, como podría ser el caso de España. Pero ese mismo poso también es el que condiciona y da origen a un tipo de humor que lo diferencia del inglés, del estadounidense o del escandinavo, es un humor vivo, alegre y expresivo, que caricaturiza con exageración, negrura, ironía y sátira, en definitiva, su carácter latino da rienda suelta a la burla que brilla en el film de De Sica o, mismamente, en Plácido (1961), en el que Berlanga y Azcona idean una magistral sátira de la sociedad católica española, en la que prima la imagen y la miseria, en la que nada cambia, ni cambiará; lo mismo que sucede en El juicio universal, una vez pasado el susto, la culpabilidad y la lluvia torrencial.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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