miércoles, 20 de octubre de 2021

Miss Ledya (1916)


La primera película de ficción rodada en Galicia, o la que se considera como tal, se realizó tiempo después de que el cine italiano hubiese sorprendido al mundo del espectáculo cinematográfico con sus epopeyas Quo Vadis? (Enrico Guazonni, 1912) o Cabiria (Giovanni Pastrone, 1913), en la que Segundo de Chomón empleó unos raíles para realizar el que podría ser considerado el primer travelling de la historia del cine; también David Wark Griffith había realizado El nacimiento de una nación (The Birth of a Nation, 1914) y el cine avanzaba hacia la conquista de su universalidad silente y terrestre. No obstante, Miss Ledya (1916) no posee la ambición de los títulos nombrados. Lo suyo es el desenfado escogió por José Gil para crear un enredo plagado de tópicos. Seis años antes de Miss Ledya, en 1910, este pionero nacido en As Neves (Pontevedra) había adquirido su primera cámara cinematográfica, una Gaumont, con la que se lanzó a su aventura cinematográfica ilusionado cual niño con su juguete nuevo. Durante el tiempo que siguió, Gil se dedicó a filmar actos sociales y culturales en Vigo, ciudad a donde se había trasladado en 1905 para continuar su exitosa labor fotográfica. Sus fotos llegaron a ser expuestas con aceptación popular en salas de proyección de la Ciudad olívica, mientras crecía su afición por las imágenes en movimiento.


Comedia de enredo, como ya he apuntado, 
Miss Ledya se desarrolla en apenas veinte minutos, aproximadamente unos 540 metros de película, que se ubican en localizaciones naturales del río Lérez (Pontevedra) y en la illa da Toxa. La mayoría de los escenarios son exteriores —río y alrededores del balneario da Toxa—, lo que, unido al desenfado de Gil, incluso le da por introducir un telegrama enviado por Sherlock Holmes, le confiere un tono ágil, a pesar de que la cámara permanezca anclada en puntos fijos. De ese modo, la película se componen de una serie de planos estáticos, montados de manera lineal, por los cuales se mueven los personajes de una trama que encuentra en la joven Miss Ledya (Fedra X. de Sandoval) a una joven estadounidense que, en compañía de su tío (Victor C. Mercadillo) millonario, pasa sus vacaciones de verano en Galicia. Ella dice que se aburre y, repleta de vitalidad y quizá de morriña, necesita algo de diversión, precisa entretenerse, y la obtendrá cuando se vea envuelta en un complot anarquista, que tiene de blanco a los reyes de Suevia. Sin pretender asumir riesgos técnicos, Gil se apoya en la confusión de identidad, en la amenaza del anarquista Rusquin (Fausto Otero) y en los celos de Márgera (Marina Fonseca), convencida de que Ledya persigue a su novio Carlos (Antonio Blanco Porto), para crear un entretenimiento que hoy se disfruta como curiosidad histórica en la que también asoma otro ilustre gallego, en el papel de pastor protestante, uno de los grandes nombres de la literatura galaica, ni más ni menos que Alfonso Rodríguez Castelao, escritor, periodista, político, exiliado y también autor de inolvidables obras gráficas, costumbristas y humorísticas, cargadas de crítica, galleguismo y retranca.



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