En una breve sucesión de escenas se observa a Flagg (Victor McLaglen) en clara desventaja respecto a Quirt (Edmund Love), más refinado y apuesto, dos características que este emplea para arrebatar a su compañero de armas sus conquistas femeninas. Esta constante continúa cuando estalla la Gran Guerra y ambos vuelven a coincidir en un pueblo próximo al frente francés. Allí, los dos desean a Charmain (Dolores del Río), una joven que traba amistad con Flagg, en ese instante ascendido a capitán, pero que se enamora de Quirt cuando este es destinado a la compañía de su rival. Como consecuencia resurge el conflicto entre ellos, paralelo al global, sin embargo, y a pesar de la tensión que se palpa en el ambiente, ambos se admiran y se reconocen como iguales. Pero lo más interesante del film no se encuentra en la atracción-rechazo que domina en el triángulo amoroso, sino en las vivencias de los soldados que componen la compañía del capitán, en ellos recae el humor, la tragedia y el sentir de los autores hacia el conflicto. Por ello, aparte de la rivalidad tras la que se esconde la amistad entre los suboficiales, El precio de la gloria plantea una pregunta que remite a su título: ¿cuál es el sentido de la guerra y el alto precio a pagar por esos jóvenes que dejan en el campo de batalla sus ilusiones y su inocencia? Y su respuesta provoca el tono desmitificador que vertebra una historia que pone de manifiesto el sinsentido de una contienda también rechazada en otros clásicos de la época como Yo acuso (J'acusse!; Abel Gance, 1919), la ya citada El gran desfile (The Big Parade; King Vidor, 1925) o las sonoras Cuatro de infantería (Westfront 1918: Vier von der infanterie; G.W.Pabst, 1930) y Sin novedad en el frente (All Quiet in the Western Front; Lewis Milestone, 1930). Veintiocho años después de su estreno en Nueva York, otro de los grandes cineastas de Hollywood, John Ford, realizaría su propia adaptación de What Price Glory, mientras que Raoul Walsh retomaría los personajes de los sargentos en El mundo al revés (The Cock-Eyed World, 1929) y ¡Vaya mujeres! (Woman of All Nations, 1931), dos películas carentes de la fuerza narrativa y del antibelicismo de este largometraje.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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