Ir al contenido principal

Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (2008)


Durante los años que siguieron a Indiana Jones y la última cruzada (Indiana Jones and the Last Cruisade, 1988) los rumores de una cuarta entrega de las andanzas del arqueólogo más famoso del cine fueron una constante que concluyó casi dos décadas después, cuando, en 2007, George LucasHarrison Ford y Steven Spielberg confirmaron el rodaje de una nueva aventura del héroe, lo que supuso una alegría para los numerosos seguidores de la saga y la oportunidad para que una nueva generación de espectadores entrase en contacto con este icono del aventurero cinematográfico. Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal (Indiana Jones and the Kingdom of The Crystal Skull, 2008) conservó las características esenciales de sus predecesoras, en ella apenas se vislumbran cambios en la narrativa empleada por Spielberg, fiel a la desarrollada en la primera y tercera entrega de la saga, del mismo modo prevalece el estilo visual que Janusz Kaminski heredó de Douglas Slocombe, el director de fotografía de las anteriores producciones. Más difícil fue mantener la fluidez y la gracia de antaño, ya que, a pesar de su inicio prometedor, la acción pierde interés para transformarse en una prolongación conformista y autocomplaciente de las anteriores incursiones del trío en el universo creado veintisiete años atrás en En busca del arca perdida (Raiders of the Lost Ark, 1981). Aunque es de agradecer la intención de conservar la esencia del personaje y de la serie, quizá esa misma intención jugase en contra del resultado final de una película en la que prevalece la sucesión de guiños a sus predecesoras y a producciones como: Salvaje (la irrupción motorizada de Mutt en la estación de tren), Tarzán de los monos (el avance que este mismo personaje hace por la selva) o Cuando ruge la marabunta (el ataque de las hormigas gigantes). Esta constante mirada al pasado provoca la sensación de presenciar algo familiar, por momentos agradable, pero que no colma las expectativas generadas en torno al héroe y su cuarta aventura cinematográfica, dentro de la cual se fuerza la reaparición de Marion (Karen Allen), la protagonista femenina de la primera entrega, se intenta rellenar el hueco dejado por Marcus Brody o se desarrolla una relación paterno-filial carente de la química desprendida por la vivida en Indiana Jones y la última cruzada. Pero todo lo dicho hasta el momento carece de interés para un arqueólogo que ha continuado con su trabajo durante los diecinueve años que separan su nueva peripecia de aquella destacada odisea al lado de su padre, tiempo más que suficiente para provocar cambios en su físico y en su entorno, ubicado cronológicamente en 1957, en un periodo durante el cual el enemigo son soldados soviéticos liderados por Irina Spalko (Cate Blanchett), una villana en quien se descubre una ambición desmedida similar a la mostrada por sus predecesores en la serie. Esta era de guerra fría remite directamente a la amenaza comunista y a las pruebas nucleares con las que se inicia el film, cuando se descubre a un Indiana Jones entrado en años, pero sin que el paso del tiempo haya mermado sus aptitudes o cambiado su manera de entender el medio por donde transita su ajetreada existencia. Desde su presentación, en la base secreta donde se guardan algunos de los objetos que él mismo encontró en el pasado, se le observa enfrentándose al grupo de militares rusos, de quienes se esconde en un pueblo fantasma donde sobrevive a una explosión atómica para de inmediato caer en manos de agentes federales que le acusan de simpatiza con la ideología comunista (una referencia clara a la caza de brujas de la época). Así pues durante los primeros compases del film se muestran aspectos que ubican la historia dentro de un contexto definido en el que Jones reniega de su supuesto cansancio físico para embarcarse en una aventura que coquetea con el cine de ciencia-ficción de la década de 1950, de ahí que hacia el final de la trama se muestre a una comunidad extraterrestre que reposa en la mítica ciudad de El Dorado, a la que el héroe y sus acompañantes acceden tras superar las inevitables trabas que les separan del éxito. Sin embargo, y a pesar de sus buenas intenciones, Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal provoca la sensación de no aportar nada nuevo a la ficción cinematográfica de un personaje que en su momento revitalizó el género de aventuras, provocando la proliferación de imitadores menos carismáticos e incluso la gestación del vástago que se dio a conocer en esta entretenida película.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...