domingo, 4 de enero de 2026

Fragmentos de nada: la construcción de un libro

A menudo, escucho frases hechas que expresan “verdades como puños”, tales “Nada es para siempre” o “Solo se vive una vez”, sentencias que nos sitúan en la transitoriedad y nos recuerdan lo efímero de la vida humana, la cual solo es capaz de prolongarse más allá de la edad individual en el conjunto evolutivo de la especie. Algunas son de origen popular, y su autoría resulta imposible de establecer, mientras que otras se deben o se atribuyen a algún personaje concreto de nuestra historia. En la biblioteca a la que acuden Stanley e Iris en la película Cartas a Iris (Stanley & Iris, Martin Ritt, 1990), para que esta enseñe a leer aquel, se puede leer una que se atribuye al filósofo estoico Gayo Musonio Rufo y que dice <<El hombre no construye nada que sobreviva a un libro>>, lo que vendría a decir que la literatura, la cultura, la filosofía, las ideas nos sobreviven y se transmiten a lo largo de los siglos gracias a la escritura, alcanzando el futuro ya convertido en el presente que no ha visto desaparecer pasados esplendorosos como el egipcio, el griego, el romano o el maya, pero de los que tiene constancia de su existencia y de su fin, en ocasiones también de su principio, gracias a los restos arqueológicos (y a la interpretación que les dan los historiadores), a los documentos históricos y a los libros escritos en el momento o posteriormente (ya fuesen en tablillas, papiros, papel de amate, pergaminos). Si bien quedan vestigios del esplendor pasado en construcciones, objetos y obras de arte, son los documentos y las obras escritas los que mejor acercan a cada presente las distintas culturas que han ido evolucionando (creando, construyendo y destruyendo) la humanidad hasta nuestros días; y hasta aquellos que llegarán después y que hablarán —con la objetividad y ausencia de emoción que proporciona la distancia temporal— de este ahora cuando ya solo sea el espectro de un tiempo imposible de recuperar y concretar. Nada entonces tendrá el sesgo emocional y visceral que tienen los temas en su momento; es decir, la distancia hará que personajes y hechos aún cercanos en el tiempo (pongamos alrededor de un siglo) pierdan consistencia, de hecho carecerán de importancia, más allá de la curiosidad que despierten en quienes gusten de mirar la historia humana, que es la suya, la que, de alguna manera, alcanza y condiciona las historias personales…

La historia nos da el escenario de nuestros días, no se puede entender un presente sin los motivos ni intereses que lo construyen y destruyen; puesto que ambas acciones siempre van unidas. Las páginas escritas nos permiten acceder a costumbres, a hechos y a vidas pasadas; nos invitan a imaginarlas. Claro que también nos llegan por herencia, por las costumbres que han ido arraigando a lo largo del tiempo sin se sepamos cuándo y dónde enraizaron. Pero la frase de Musonio Rufo conlleva su verdad, si no, ¿cómo habríamos conocido a los héroes aqueos y troyanos, la filosofía platónica y la aristotélica, el teatro de Esquilo, de Eurípides y de Sófocles o mismamente la existencia de este pensador romano que, tal cual Sócrates, no dejó nada escrito? Lo que nos llega de Rufo se debe en gran medida a Lucio, que recopiló “Disertaciones”, a Tácito y a Epicteto, en su filosofía, quizá el más famoso de sus discípulos y, junto a Séneca y Marco Aurelio, uno de los más grandes exponentes de la filosofía estoica, originaria del período helenístico, porque son los tres de quienes nos han llegado obras completas, lo que permite hacerse una idea más aproximada de su filosofía. Pero <<El hombre no construye nada que sobreviva a un libro>> es una frase que, en su condición de sentencia, miente o elimina otras verdades como la de que la historia y la humanidad son construcciones humanas. La primera se inicia antes de que asome un libro por la tierra; se inicia con las primeros códigos escritos, y concluirá después del último libro (o formato en el que se escriba nuestro devenir futuro). Y la segunda se origina cuando adquirimos la posibilidad de creernos más que el resto de seres vivos del planeta, cuando empezamos a construir sociedades y a mostrarnos capaces de admirar la belleza y de destruir cuanto nos separe de nuestras metas…

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