Senderos de gloria (Path of Glory; Stanley Kubrick, 1957) o Rey y patria (King and Country; Joseph Losey, 1967) desarrollan juicios militares sin juzgar a un militar concreto. Lo que ambas películas juzgan es a la propia institución militar. Esto no lo hace Rob Reiner en Algunos hombres buenos (A Few Good Men, 1992). No pretende un film antibelicista, ni lo desarrolla durante una guerra, tampoco el director de Misery (1991) expone una crítica, ni duda del modus operandi del ejército, ni de sus mandos, ni del orden a seguir. Reiner solo juzga el mando de un hombre. Prefiere individualizar y encontrar un culpable con rostro, que señalar a un pilar básico de su país, cuyo talante belicista se puede rastrear en su propia historia. Por otra parte, es consciente de que está realizando cine comercial, para nada reflexivo ni exigente. Busca espectáculo y el lucimiento de sus estrellas, encuentra ambos y los ofrece empleando una narrativa clásica y entretenida. Dicho “clasicismo” bebe antes de films como Anatomía de un asesinato (Anatomy for a Murder; Otto Preminger, 1959) que de las nombradas arriba, pero carece de la negrura y del calado psicológico y emocional del film de Preminger. Reiner no profundiza, da prioridad al personaje de Cruise, cuya superficialidad se maquilla con la sombra del padre, y el duelo en el tribunal donde el código rojo es la excusa para alcanzar el clímax, la victoria y el éxito en la maduración personal de Danny.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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