Ir al contenido principal

Ons (2020)


Prescindir de adornos, de golpes de efecto o de fondo musical, e introducir un paisaje que remita al fondo humano, un ritmo pausado, silencios, frases que aspiran a transcendencia o dejar que los sonidos naturales envuelvan el ambiente, no implica que un film se aleje del artificio o que vaya a transmitir veracidad. Tener la intención (de acceder a la verdad de emociones y sensaciones) no implica necesariamente que se logre plasmar en la pantalla lo que se pretende o lo que se tiene en mente. Decía Pessoa en su Libro del desasosiego algo así como que la obra perfecta o la más perfecta posible es aquella que se piensa o se sueña. Una vez que se escribe, pierde. Quizá ocurra lo mismo con el cine, y desde la idea hasta su materialización haya algo que se desvanece, que no llega a nosotros o que se queda en la mente de quien crea. A veces parece que eso no sucede, posiblemente porque la obra nace y se hace en un equilibrio solo al acceso de un momento determinado. Por ejemplo, Nuri Bilge Ceylan lo consigue en Winter Sleep (Sueño de invierno) (Kis uy kusu, 2014), logra aislar a sus personajes en un entorno físico que, sin forzarlo, redunda el reflejo de interioridades que se igualan al paisaje. Sin embargo, la suma del entorno de Ons (2020): sonidos costeros, gaviotas, mar, viento, la brevedad en los diálogos, los personajes entre lacónicos y perdidos, no consiguen que su aislamiento se sienta veraz fuera de la pantalla. No logra penetrar en ellos, ni en esa topografía sentimental de la que habla el matrimonio que huye de su pasado y se aísla en su presente insular. No lo consigue porque, por alguna razón, Alfonso Zarauza se queda en la foto exterior, en la pretensión de hacer creíble que la imagen contiene un mundo interior bajo la superficie. Sin embargo, lo que veo me hace pensar que no existe nada ahí dentro. No hay algo en los personajes que me suene veraz. Su dolor, su incomunicación, su distanciamiento, su desorientación o su deriva emocional nunca llegan a sentirse bajo su piel. No sale de ellos, se impone en ellos.



En Ons, Zarauza tiene la intención y da el primer paso, quizá el más importante, pero su marcha se queda a medio camino y permanece aislada en una zona entre el querer y el poder. Quiere ser, pero no puede serlo, pues Ons es incapaz de penetrar en sus personajes, en su no historia, en su no búsqueda y en la inexistente topografía sentimental de la que no tengo ni idea y de la que Mariña (Melanie Cruz) le habla a Vicente (Antonio Durán “Morris”), el matrimonio que se aísla en su no soledad, en su no libertad para estar solos. Tampoco su alejamiento encuentra respuesta en una intención de acercamiento; o puede que ambos sean náufragos de sí mismos y del mundo del que pretende tomarse un respiro, náufragos como la joven (Amaël Snoek) a quien Mariña recoge en la playa. Quizá la desconocida o extraterrestre, como bromea su salvadora, despierte algo en ella, algún resorte que le haga sentir que ella misma es de otro planeta, distinto al de Vicente o al de los habitantes de la isla. Pero la sospecha de que la pareja no siente emociones reales me asalta durante los ochenta minutos que dura el film. Lo cierto es que los personajes de Ons me llegan forzados desde el inicio, en la lancha donde la rigidez de la pareja no responde al medio de transporte, sino a la intencionalidad de introducir la distancia que les separa y que parece agudizarse tras el posterior desembarco en la isla pontevedresa donde transcurre la totalidad de la película. Respecto a esta intención de forzar, encuentro la confirmación en la escena de Isabel (Marta Lado) en el faro, cuando habla con Vicente y le comenta que si es la última de una estirpe (la de los fareros), que sabe lo que es vivir en el continente y en la isla, y que vivir en soledad y libertad es una de las paradojas del faro. ¿De qué paradoja habla, si la única libertad posible, solo podría darse en soledad? Aquí cabe recordar que soledad y aislamiento son dos estados humanos distintos, y que hay frases que nada dicen en su grandilocuencia. Pero Ons no habla de paradojas, quiere hacerlo sobre el aislamiento (de sus consecuencias y de cómo la incomunicación, las dudas y las distancias llevan hacia él y crecen dentro de él), pero no lo comunica, lo fuerza. Lo más destacado de la película lo encuentro en ciertos momentos del personaje de Melanie Cruz y en el paisaje fotografiado por Alberte Branco, ese fondo costero atlántico, con el azul o gris del mar bañando la isla de donde me voy con la sospecha de que Alfonso Zarauza no logra transmitir el estado de sus protagonistas con el acierto de Os fenómenos (2014), en la que la interpretación Lola Dueñas desborda humanidad y veracidad en su reinicio existencial.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

El sendero de la traición (1988)

Ismos prematrimoniales Por Antonio Pardines Una de las características del cine de Costa-Gavras es el adentrarse en espacios y en situaciones que desvelan el abuso ya sea de un Estado o de un grupo de poder. Y sus películas suelen funcionar como manifiestos cinematográficos que no temen señalar desmanes y crímenes, sobre todo aquellas en las que contó en el guion con la colaboración de Jorge Semprún y de Franco Solinas, dos escritores igual de comprometidos y con quienes trabajó durante su primera época. Ya considerado uno de los grandes del «cine político», gracias a Z (1969), La confesión ( L’aveu , 1970) y Estado de sitio ( État de siège , 1972), su popularidad se disparó tras el éxito de la espléndida crónica realizada sobre el golpe de estado de los militares chilenos en 1973 y la posterior represión en Desaparecido ( Missing , 1982), cuyo guion corrió a cargo de Donald E. Stewart, que adaptaba el libro homónimo de Thomas Hauser. Más adelante, cuando regresó al cine de habla i...