La carrera profesional de cualquier cineasta está marcada por los proyectos que se ven en la pantalla, pero también por aquellos que pudieron ser y, por diferentes motivos, no fueron; se quedaron por el camino. A este último tipo pertenece la versión de Superman en la que Tim Burton llevaba un año trabajando cuando, a punto de iniciarse su rodaje, fue cancelada por la productora. Claro está, este despropósito afectó al realizador, que sentía el desencanto de haber tirado un año de su vida a la basura, aunque de no haberse producido, no se hubiera hecho cargo de la adaptación cinematográfica del famoso cuento de Washington Irving La leyenda de Sleepy Hollow (The Leyend of Sleepy Hollow, 1820). Pero más allá de la inspiración de las páginas que conforman el texto original de Irving, de las que Sleepy Hollow se aleja desde su primera imagen, se encuentra la del mediometraje animado que Walt Disney produjo en 1948, que el responsable de Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990) disfrutó en su infancia y recordaría en su madurez para llevar a cabo su propia versión, que, a pesar de tratarse de un encargo, en la industria la mayoría lo son y a veces se dan magníficos films, hizo suya. La estética visual de Sleepy Hollow (1999) encaja a la perfección dentro del universo creativo de este cinéfilo y fabulador de películas que a lo largo de su filmografía homenajea las producciones y los personajes que despertaron su pasión por el cine. Influenciado por la capacidad deductiva del detective victoriano Sherlock Holmes y por los títulos de terror de la Hammer Films, a la que realizó un guiño al incluir entre los actores a Christopher Lee y Michael Gough, este cuento de hadas, macabro, entretenido y visual, se adentra en el terror gótico, que se entremezclan con el humor y la fantasía, para crear la atmósfera enrarecida y misteriosa que envuelve el enfrentamiento entre lo irracional e inexplicable, simbolizado en el jinete descabezado, y la lógica racional, representado en Ichabod Crane (Johnny Deep).
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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