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Candidata a millonaria (1935)


El buen gusto y la planificación detallada de 
Mitchell Leisen quedaron patentes tanto en las comedias que dirigió como en sus aportaciones a otros géneros, estas dos características no fueron ajenas a su primera comedia romántica, aunque su narrativa cinematográfica resulta menos sofisticada y fluida que la empleada por el cineasta en clásicos del género como Una chica afortunada (Easy Live, 1937), Medianoche (Midnight, 1939), Adelante, mi amor (Arise my love, 1940) y Recuerdo de una noche (Remember the Night, 1940). Pero, al igual que estas, Candidata a millonaria (Hands Across the Table) posee una puesta en escena elegante, muy del gusto del director, que parece desarrollarse en un espacio irreal que confiere credibilidad a la relación amorosa que mantienen Theodore Drew III y Regi Allen, dos personajes encarnados por asiduos del género: Fred MacMurray, en su primera de las nueve colaboraciones con Leisen, y Carole Lombard, una de las reinas indiscutibles de la comedia de la época gracias a películas como Al servicio de las damas (Gregory LaCava, 1936), La reina de Nueva York (William A.Wellman, 1937) o Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942).


En sus primeros minutos, 
Candidata a millonaria se presenta cercana a una screwball comedy, y esto se debe a la confusión inicial de Regi con respecto a la identidad de Theodore, a quien primero ignora porque le cree un don nadie para poco después mostrarse solícita, cuando piensa que se trata de un millonario. Sin embargo, a medida que avanza el metraje, Candidata a millonaria se desmarca de la comedia alocada y se decanta por el romanticismo que nace de una relación que ambos desean, pero que les cuesta aceptar porque va en contra de sus intereses, ya que ella está empeñada en conseguir un marido rico, que la aleje de las penurias económicas que marcaron su infancia, y él pretende recuperar su posición social y económica, perdida tras del crack del 29, mediante su enlace de conveniencia con Vivien Snowden (Astrid Allwyn). De tal manera, los dos personajes principales presentan en común su deseo de alcanzar la comodidad que les aportaría casarse por dinero, algo que para Regi parece factible cuando, en su trabajo como manicura en un hotel de lujo, atiende a Allen Macklyn (Ralph Bellamy), un millonario que se enamora de ella. No obstante, en ningún momento la joven muestra el menor interés por contraer matrimonio con alguien en quien solo ve a un amigo, lo que delata que sus ambiciones no son las que ella afirma una y otra vez, como tampoco lo son las de Theodore, como se comprende a partir de la noche que ambos comparten y que se prolonga durante varias jornadas que les permiten descubrir y disfrutar de una complicidad que no se puede comprar y de un sentimiento que no pueden ignorar.

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