viernes, 13 de mayo de 2011

Pat Garret y Billy the kid (1973)

Sam Peckinpah tomó todos los aspectos de la película bajo su control, quería rodar un film en el que no se produjesen situaciones pasadas y que el resultado final fuese enteramente suyo. Para ello se rodeó de un equipo artístico al que conocía a la perfección, muchos de los cuales eran actores asiduos en sus películas. Eligió a John Coquillon como director de fotografía de confianza con quien había trabajado en Perros de paja. Mantuvo conversaciones con el guionista a quien pidió ciertos cambios en el guión, que fueron del agrado del escritor. Contó con Bob Dylan (también coprotagonista), mítico cantautor estadounidense, en la elaboración de una banda sonora antológica que realza el significado de las imágenes. Así pues, Peckinpah, asumió el control total de la película. Incluso cuando se presentó un pre-montaje, pidió a los editores del film que éste fuese respetado (tal cual). Sin embargo, los productores y distribuidores decidieron que era una película demasiado densa, muy personal, llena de las obsesiones del director que podría no gustar al público (que al final es quien llena las salas y hace que estos ejecutivos se enriquezcan aunque sea con productos de dudosa calidad, que no es el caso). Este hecho llevó a que dieciocho minutos del montaje original de Peckinpah fuesen suprimidos, varios personajes eliminados y otros vieron como su importancia era reducida. Aún así, para muchos aficionados y muchos profesionales, Pat Garret y Billy the kid es la mejor película de Peckinpah. Un film completo, complejo y lleno de la pasión de un director incomprendido como lo eran la mayoría de sus personajes. Centrándose en la historia, la película enfrenta dos concepciones de vida, la modernidad, representada por los grandes inversores del Este, y el clasicismo (más salvaje y puro), representado en Billy e, incluso, en Pat Garret, un hombre que ha aceptado el puesto de sheriff (tiempo atrás actuaba al margen de la ley) para poder adaptarse a la nueva era, que se presenta sin concesiones. Para que la integración sea total, debe eliminar los resquicios del pasado, aunque estos restos se encuentren encarnados en la figura de un amigo, Billy. Garret (personaje emparentado con el que interpretó Robert Ryan en Grupo Salvaje) es consciente de que mientras Billy (tradición del salvaje oeste) continúe con vida, él no podrá integrarse, plenamente, en ese lugar que se le promete feliz o, al menos, que le proporcionará una comodidad y una seguridad en los años venideros. Para alcanzar su objetivo, no duda en utilizar a viejos compañeros, o eliminar a conocidos que se oponen al cambio. Es un ser con una idea, que no dudará en realizar cualquier cosa para alcanzarla. Representa la ley, el progreso, pero ¿es justo?. Por su parte, Billy sabe que su tiempo se ha terminado, se resigna y lo acepta. Está decidido a esperar su fin sin oponer resistencia. Sin embargo, la aparición de Alias y los consejos de Paco hacen que, contra lo que dicta su conciencia, huya hacia México, lugar donde podrá esconderse de esa persecución, tanto física (a la que le somete Garret) como temporal (la que sufre ante el inevitable cambio social que se avecina). Sin embargo, el salvaje asesinato de Paco le lleva a abandonar esta idea y a permanecer en un lugar que ya no le quiere.
Pat Garret y Billy the kid fue estrenada en las salas comerciales tras haber sufrido cortes y cambios que no fueron del agrado de Peckinpah, director que veía en este film su obra más personal y su mejor trabajo. En 1989, se estrenó la versión restaurada, tal y como fue concebida en un principio, él no pudo verla. Aclarado este punto, cabe señalar que la película estrenada en los 70 y la estrenada a finales de los 80 difieren bastante entre sí, aunque su esencia es prácticamente la misma. A pesar de dicha mutilación, la versión comercial tuvo una excelente acogida por parte de la crítica (si bien es cierto que si no se ve la versión restaurada no se puede comprobar la magnitud de este magnífico proyecto).

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