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Sueños de engaño (primeras páginas)



El fragmento que sigue son las primeras páginas de Sueños de engaño. 26 farsas (e) ilusiones de Billy Wilder. Espero que os guste y que os engañe.


<<Un día cualquiera, uno de tantos, me encontraba leyendo la etiqueta del agua mineral que acababa de pedir en la terraza de un bar. No era novedoso, ya había pasado por esto en ocasiones anteriores, de igual modo que tampoco me sorprendió apartar la mirada de la botella y dirigirla hacia el lugar de donde provenía aquella voz que expresaba a su interlocutora la posibilidad de recopilar sus comentarios sobre Billy Wilder, y sus películas, para un trabajo de fin de curso. Disimuladamente, observé como la cabeza de su oyente asentía, no sin antes decirle que le parecía buena idea, para alguien que estudiaba cine. Pero le aconsejó algo así como que no cerrase los ojos a la realidad, ni buscase el fin de los sueños. No me detuve a pensar en aquella doble negación, porque la réplica no se hizo esperar. Por su contestación, y también por su expresión facial, aventuro que la voz no comprendió las palabras de su amiga. Tampoco supo precisar cuál había sido el primer comentario que había escrito sobre Wilder, ni qué película suya había visto primero. De hecho, le resultaba imposible recordar el orden y el número de veces que había visto cada una. No le dio mayor importancia, puesto que en ese instante presumía de que las había visto todas: una, dos, tres y alguna más de diez veces. Le dijo que podría hacer un buen trabajo. No lo puse en duda, pues tampoco era algo que me pareciese extraordinario. Yo mismo, las había visto varias veces, así que decidí volver a mi lectura. Estaba enfrascado en la emocionante parte correspondiente <análisis realizado por el laboratorio...>>. Pero aquella misma voz me descentró e impidió que llegase a la conclusión del recuento químico. Le escuché decir que en algún momento de su infancia, no supo precisar cuándo, descubrió las películas de Wider. Así, recordando su pasado, inició su particular recorrido cinematográfico por la filmografía del responsable de sus actos, supongo, y de los actos de sus personajes. Aparté la botella, olvidé el laboratorio y sintonicé el audífono para atrapar la conversación. Ahora, delante de una ventana sin paisaje, ordeno las notas que tomé aquella mañana, después las revisaré y completaré. Puede que completar no sea el verbo adecuado, tal vez el correcto sea inventar. Prefiero prevenir, antes de continuar, así que prevengo a posibles cómplices lectores de que esta ilusión sobre Wilder obedece a un capricho nada exhaustivo sobre sueños y engaños, que fue como aquellas dos voces definieron las películas del natural de Galitzia, en la actual Polonia.


—Me hizo cómplice de sus historias y de sus personajes; pero no contento, quiso más, y me convirtió en uno de los papeles de sus peliculas. Quiero decir que ahora me cuesta distinguir dónde se encuentra el limite moral, dónde la realidad y dónde encajo yo dentro de esta mi historia.


Pensé que aquella voz era un tanto extraña. ¿Dé que le hablaba a su amiga? ¿De cine o de una crisis de identidad? Esto lo pensé de camino a casa, después de varias horas consumiendo agua de mineralización débil, otra con gas y un par de cañas, mientras escuchaba la conversación de la mesa que estaba al lado de la puerta, justo a dos mesas de distancia de la mía, en una terraza prácticamente vacía a aquellas horas de la mañana que alcanzó el mediodía. Ya en compañía de la soledad, empecé a apuntar sin orden algunas de las frases que no me había dado tiempo a anotar en la terraza. Sobre el escritorio había desparramado decenas de servilletas de papel que tuve que descifrar antes de encontrarle sentido a lo que había apuntado. No me resultó sencillo darle forma de impresiones propias y algunas impropias.


Lo primero que escribí fue: "No me gustan las líneas rectas. Son demasiado aburridas, previsibles, políticamente correctas y, si no las segmentas, pueden alcanzar el infinito que a los humanos se nos niega su alcance. Ya no fumo, mal asunto para querer ser un perdedor de cine negro. Wilder era un fumador compulsivo, se paseaba de pared a pared, y no permanecía sentado ni delante de sus jefes, pero esto no viene a cuento. Lo que sí cuenta son sus personajes, que eran y no eran aburridos. Quiero decir que viven vidas aburridas o anodinas de las que pretenden escapar y, por un breve instante, viven la posibilidad de conseguirlo. Ese momento de fuga de la realidad es al tiempo su sueño y su engaño; es su puerta hacia una nueva vida que no será posible. No como la planean. El directivo de la multinacional de refrescos no conseguirá su ascenso, el reportero de eventos deportivos descubrirá su autoengaño, el que le lleva a engañar a otros, y Sherlock Holmes tendrá que asumir que ni las drogas ni los acertijos pueden borrar su soledad, su aislamiento, su ausencia del mundo donde, el amor no sigue ninguna lógica. Son muchos ejemplos, de hecho pueden serlo todos, ya que ni los que ganan tienen asegurado el triunfo. Quizá esa no victoria, ni derrota, sino la vuelta al punto de partida, aunque ya no sea el mismo, o su entrada en un callejón sin salida, sea el final del sueño: el último suspiro de su engaño…>>


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