miércoles, 4 de febrero de 2026

Sierra maldita (1954)


Filmada a partir del guion de Alfonso Paso y José Luis Dibildos, Sierra maldita (1954), si no la mejor, es una de las mejores películas filmadas por Antonio del Amo, quien, poco después, perdería un tanto el “norte” cinematográfico con la realización de tantas producciones hechas para lucimiento de Joselito. Pero aquí, el cineasta logra que el entorno rural adquiera protagonismo narrativo, asfixiante y amenazador, y actúe como reflejo de los individuos que lo pueblan formando un microcosmos claramente controlado por el cura del pueblo y por el terrateniente; aunque en esta historia ambos representantes del orden social asoman como figuras protectoras, comprensivas y, en definitiva, positivas para el resto, lo cual no deja de ser una imagen aceptable, sobre todo para la censura, no la realidad del orden que se imponía fuera de la pantalla. No se trata tanto de retratar la vida rural, como de expresar el primitivismo, la superstición y la tradición en las que del Amo recrea la tragedia particular de Cruz (Lina Rosales) y Juan (Rubén Rojo), de sus dos pueblos, el de la cima y el del valle, y, tal vez, la general de aquella España que acababa de dejar atrás su posguerra de hambre y miseria, para unos, y de bienestar y opulencia, para la minoría privilegiada. Esta diferencia socio-económica, presente en cualquier sociedad y época, asoma por la historia, aunque no es el tema que más preocupa a del Amo, que se centra en tomar el ámbito rural andaluz como escenario donde introducir el conflicto que anuncia la leyenda que nos cuenta al inicio de Sierra maldita, para situar en su centro el miedo y el rechazo que genera la superstición, también la represión y la condena. Esta última, sobre todo, afecta a las mujeres de la aldea de la montaña, a quienes los hombres miran como malditas, pues las creen portadoras de la maldición, aunque también las observan con ojos de deseo silenciado; como es el caso del personaje de José Guardiola respecto a Cruz, la protagonista de la historia. Este entorno rural, que abarca dos aldeas y un monte, se encuentra condicionado por las diferencias de clase y de género, por la ignorancia y la superstición, por el temor que empujan a Cruz y a Juan hacia el abismo cuando deciden casarse haciendo caso omiso a las múltiples señales en su contra y las trabas que tendrán que superar…

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