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Jesús Franco. Cinefilia, gustos y obsesiones

La extensa e irregular filmografía de Jesús Franco abarca más de doscientos títulos, una cifra que desvela la necesidad de rodar de este cineasta madrileño que llegó a filmar quince películas en un mismo año. Pero son los largometrajes que realizó durante su primera etapa los que poseen mayor atractivo y una elaboración más trabajada que el resto de su obra. En ellos se descubre a un joven realizador sin complejos, enamorado de su profesión, pero también con una clara intención de filmar cine de género desde su cinefilia, su sentido del humor y su gusto por la música, sobre todo el jazz. Sin embargo, hacia mediados de los sesenta se alejó de este tipo de cine y se embarcó en producciones menos interesantes y más explícitas en cuanto al erotismo que había introducido con mayor elegancia en la primera parte de su carrera. Jesús Franco nació en Madrid en 1930, por lo que su infancia transcurrió entre la segunda República y la Guerra Civil que, una vez finalizada, implantó la severa dictadura de un general que nada tenía que ver con la familia del cineasta. Ya en su adolescencia, el futuro realizador empezó a mostrar interés por el cine y por la música, viendo las películas permitidas por la censura y aprendiendo a tocar varios instrumentos que, durante algún tiempo, le permitieron mal ganarse la vida como miembro de alguna banda musical. Inquieto, fantasioso, obsesivo y a contracorriente, su cine se nutre de su admiración hacia Orson Welles, Robert Siodmak, Luis Buñuel o Max Ophüls, entre otros cineastas de renombre, de la narrativa de el marqués de Sade, Sax Rohmer o de Edgar Wallace, así como del cómic y, cómo no, de sus gustos y obsesiones. A lo largo de sus cinco décadas detrás de las cámaras, el realizador madrileño rodó en diversos países, sin pensar en otra cuestión que encontrar la financiación necesaria para poder filmar planos y más planos. Pero su primera salida de España se produjo antes de iniciar su carrera cinematográfica, y su destino fue Francia. Al otro lado de los Pirineos pudo enriquecer su cinefilia con películas que en España habían sido manipuladas por los censores o imposibles de ver debido a esa misma censura, guardiana de los intereses del régimen que se había asentado en el poder. Su primer contacto con el medio al que dedicó su vida se produjo en su Madrid natal, donde conoció a Juan Antonio Bardem, para quien trabajó como asistente y ayudante en Cómicos (1954), de la que compuso parte de su banda sonora, en Felices Pascuas (1954) y en Muerte de un ciclista (1955). Bardem fue el primer cineasta para quien trabajó, posteriormente lo haría para León Klimovsky, Joaquín Romero MarchentLuis García Berlanga, para quien colaboró como ayudante en Los jueves, milagro (1957), o Fernando Fernán Gómez, para quien interpretó el papel de Venancio en El extraño viaje (1965), una de las grandes joyas de la cinematografía española. Después de realizar una serie de cortometrajes documentales, en 1959 debutó como director de largometrajes en Tenemos 18 años, una comedia que fue ignorada a pesar de poseer una frescura e imaginación inusual dentro de la comedia española, por lo que no fue estrenada hasta 1967. Algo similar sucedió con Labios rojos (1960), su siguiente película, cuyo protagonismo vuelve a recaer en dos chicas, en este caso detectives, algo insólito por aquel entonces, como también fue insólita su primera incursión en el terror. Pero antes de sumergirse en las sombras del horror, el realizador madrileño filmó dos comedias musicales con la cantante Mikaela como protagonista: La reina del Tabarín y Vampiresas 1930, la cual remite directamente a Cantando bajo la lluvia y Con faldas y a lo loco. A pesar de tratarse de su tercer largometraje, La reina del Tabarín fue el primero que estrenó y la primera coproducción en la que participó, algo que se convirtió en una tónica a lo largo de su extensa producción filmografía, y obtuvo un éxito aceptable. Aparte de ciertas dosis de comedia en dos personajes secundarios (un vagabundo y el ayudante del inspector protagonista), Gritos en la noche (1961) inauguró el cine de terror español, y permite comprobar el gusto del realizador por el expresionismo alemán, movimiento que, según él, fue el germen del cine posterior. Y no le faltó razón, pues la influencia de los Freund, Lang, Murnau o Wienne se puede apreciar en el terror de la Universal, en el cine negro de la década de 1940 o en el realismo poético francés de los años treinta y en España en La torre de los siete jorobados (Edgar Neville, 1944), una magnífica e insólita incursión en un género que no tuvo continuidad hasta la irrupción de Jess Franco. Su siguiente film, La muerte silba un blues (1962) es un buen ejemplo del cine negro que se realizaba por aquel entonces, además se descubren las influencias de su admirado Orson Welles, quien también influyó en Rififí en la ciudad (1963), su mejor policíaco. Entre estas dos producciones, rodó La mano de un hombre muerto (1964), otra incursión en el horror, lo cual empezaba a confirmar la intención de Franco de realizar cine de género, intención que se reafirmó en El secreto del doctor Orloff y que alcanzó su punto álgido en Miss Muerte (1965), producción hispano-francesa que le permitió trabajar por primera vez con el guionista Jean-Claude Carriere y con el productor Serge Silberman, colaboradores habituales de Luis Buñuel en su última etapa. Aparte de su atractiva puesta en escena, Miss Muerte posee el aliciente de ofrecer el protagonismo a una mad doctor capaz de desfigurar su bello rostro y de someter a otra mujer a su voluntad para vengar la muerte de su padre. Pero, al contrario que otros realizadores de su época, Franco no encontró su lugar dentro del panorama cinematográfico español, aunque esto no le impidió trabajar a un ritmo frenético porque <<Soy simplemente un currante, adicto, enamorado de la más hermosa profesión que hay en el mundo>> (Memorias del tío Jess). En 1965, esa profesión de la que estaba enamorado le permitió un encuentro inesperado al ser escogido para ser el director de la segunda unidad de Campanadas a medianoche, una excelente coproducción que Orson Welles filmó en España. Años más tarde, en 1992, como consecuencia de la Exposición Universal de Sevilla, el cineasta fue contratado para montar Don Quijote, uno de los muchos proyectos inacabados del responsable de Ciudadano Kane (Citizen Kane, 1941). Tras su agridulce experiencia wellsiana, quedó inconclusa su versión de La isla del tesoro que iba a protagonizar el reputado realizador estadounidense, rodó Miss Muerte, su onceava película y, hasta ese momento, la de mayor presupuesto y sin duda uno de los mejores títulos de su carrera. A partir de aquí su cine se orienta hacia el cómic y la comedia de espías en títulos como Cartas boca arriba, su último largometraje en blanco y negro y un acercamiento a la ciencia-ficción, Residencia para espías y Lucky el intrépido, inspirada en las viñetas de Anacleto, agente secreto. En 1967 su carrera sufrió un nuevo giro al rodar una producción alemana que carecía de guión y que fue filmada a partir de ideas propias, de tal manera que Necronomicón adquirió un carácter onírico y erótico que no se había visto en títulos anteriores. Hacia finales de la década Jesús Franco inició su relación profesional con el británico Harry Alan Towers, para quien filmó una serie de películas, que abarca desde Fu Manchú y el beso de la muerte hasta El conde Drácula, en las que pudo contar con actores y actrices de la talla de Christopher Lee, Herbert Lom, Jack Palance, Klaus Kinski, Mercedes McCambridge o María Schell, pero estas carecen del interés de sus primeras producciones, aquellas que lo confirmaban como un cineasta atípico y renovador.


Filmografía como director (1959-1969)

Labios rojos (1960)
La reina del Tabarín (1960)
Vampiresas 1939 (1961)
La mano de un hombre muerto (1962)
El llanero (1963)
El secreto del Dr.Orloff (1964)
Miss Muerte (1965)
Cartas boca arriba (1965)
Residencia para espías (1966)
Lucky, el intrépido (1966)
Necronomicon (1967)
Bésame, monstruo (1968)
El caso de las dos bellezas (1968)
Eva en la selva (1968)
Fu Manchú y el beso de la muerte (1968)
La ciudad sin hombres (1968)
99 mujeres (1968)
Justine del Marqués de Sade (1968)
El castillo de Fu Manchú (1968)
Venus in Furs (1969)
Eugenie. The Story of Her Journey into Perversion (1969)
El proceso de las brujas (1969)
El conde Drácula (1969)

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