En On connaît la chanson (1997) un Alain Resnais festivo desarrolla la escena principal de su película en la fiesta que Odile (Sabine Azéma) y Claude (Pierre Arditi) dan en su nuevo y lujoso apartamento. Allí, la atención del cineasta va de un personaje a otro, como si el espacio fuese un mar de pensamientos y de estados emocionales. A este Resnais le preocupa el amor y establecer la conexión entre sus diferentes formas y ausencias. Es el Rasnais musical que canta al amor y al desamor en diferentes estados y edades. En boca de sus protagonistas, canta fragmentos y momentos. Su melodía refiere el desear lo que no se tiene y el tener lo que no se desea, el no saber lo que se tiene y el tener sin saber lo que se tiene. En suma, Resnais, partiendo del guion de Agnès Jaoui y Jean Pierre Bacri, nos viene a decir que somos lo que no somos y somos lo que somos. Lo dicho semeja no decir nada, pero viendo las imágenes y a los personajes se comprende que sus voces y las de las canciones algo dicen. Se funden en una y vienen a expresar sentimientos y emociones que definen a las personas ayer, hoy y probablemente mañana. Pero esas canciones populares (fechadas entre 1925 y 1995) que Resnais pone en boca de las hermanas Odile y Camille (Agnès Jaoui), de Claude, Simón (André Dussollier), Nicolas (Jean Pierre Bacri) y Marc (Lambert Wilson), no alteran el ritmo cinematográfico. Son voces que expresan afectación, alegría, preocupación, tristeza… en Odile, Camille y compañía, que gesticulan las palabras musicales que suenan en sus labios con las voces originales de Dalila y Alain Delon, Josephine Baker, Simone Simon, Maurice Chevalier, Charles Aznavour, Edith Piaf, Serge Gainsbourg, Jane Birkin, Johnny Hallyday, Jacques Dutronc, Sylvie Vartan y más cantantes que tienen que decir respecto al amor y a la vida porque ¿quién no conoce la canción de sentir y vivir? Esa es la canción que suena, humanamente conocida, la que canta miedo, mentira, depresión, resistencia, separación, ilusión, distancia y cercanía, amor…
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


Comentarios
Publicar un comentario