Ir al contenido principal

Jerzy Skolimowski. Señas de identidad


Antes de la invasión alemana de Polonia, su padre se dedicaba a la arquitectura, pero la nueva situación obligó a dejar los diseños y a formar parte activa de la resistencia, en la que luchó hasta que fue apresado (y ejecutado) por los nazis. Durante el conflicto, su madre tampoco se quedó quieta y ocultó a una familia judía. Son dos ejemplos que calarían en el pequeño Jerzy, cuya infancia vivía el devenir histórico que unos pocos habían decidido para él y para tantas decenas de millones más. Por entonces, no había fuga posible de la tempestad nazi; pero sí pudo escapar de las peores consecuencias de los bombarderos aéreos (fue rescatado bajo los escombros). Los primeros años en la vida de Jerzy Skolimowski, como la de tantos polacos (y no polacos) que sufrieron en primera persona la Segunda Guerra Mundial, son inenarrables. Con esto quiero decir, que por mucho que se narren o se filmen es difícil captar el momento: el horror, la tensión, los miedos, las heroicidades y las villanías y el resto de lo vivido y sentido, que podrían dar una idea aproximada del panorama existencial, humano, criminal e histórico imposible de transmitir en su complejidad, y en su realidad experimentada, a las generaciones que, para su fortuna, no lo sufrieron. La infancia y la juventud de Skolimowski se encuentran marcadas por el nacionalsocialismo alemán y el comunismo polaco. El primero, le afectó directamente de niño, durante la ocupación. El segundo, durante su formación, su periodo de poeta y en sus primeros pasos por el cine; también le dio un empujón hacia el exilio tras ¡Arriba las manos! (Rece do Gory, 1967), película que no recuperaría hasta 1980.

Avanzada la contienda, el ejército soviético liberó Polonia de las tropas alemanas; lo que implicó la liberación, quizá una diferente a la esperada por muchos, puesto que no tardó en descubrirse que liberación no era sinónimo de libertad. Como en otros países del este europeo, Polonia se vio envuelta en un enfrentamiento interno por el poder; el suyo, entre el nacionalismo católico y el comunismo. Esta lucha asoma al final de la contienda mundial, como apunta Andrzej Wajda en Cenizas y diamantes (Popiol i diamant, 1958). Aprovecho para decir lo ya sabido: Wajda fue un cineasta clave en la generación posterior (la tercera de cineastas polacos), la de Roman Polanski, Krzysztof Zanussi y Skolimowski, como antes lo había sido Alexander Ford para la suya, la segunda, la de los Andrzej Munk, Wojciech Jerzy Has y Jerzy Kawalerowicz, los grandes renovadores del cine polaco. Finalmente, el comunismo se hizo con el control. Por entonces, el futuro director de El grito (The Shout, 1978) ya era un adolescente rebelde, pero no era rebelde por ser adolescente. Es decir, sí era uno más que se rebelaba contra el orden de los mayores —esa rebeldía adolescente es necesidad vital de la juventud en la búsqueda de su principio, de su afianzamiento y de su fin, que parece tan engañosamente lejano—, pero, además, lo rechazaba porque era consciente de ese orden impuesto intentaba limitar, incluso eliminar, las características individuales: la libertad de escoger quién ser; como si deseas ser cien distintos, uno cualquiera o ninguno. Polanski, por ejemplo, lo vio venir y salió rumbo a Reino Unido después de su primer largometraje: El cuchillo en el agua (Noz W Wodzie, 1962), cuyo guion había elaborado al lado de Skolimowski, quien ya había escrito el de Los brujos inocentes (Niewinni czarodzeije, Andrzej Wajda, 1960), en la que también actúo, interpretando a un boxeador. En su vida real, había boxeado y, como boxeador, también actúa en sus dos primeros largometrajes como director: Señas de identidad desconocidas (Rysopis, 1964) y El fácil triunfo (Walkower, 1965), dos películas  que junto La barrera (Barriera, 1966) forman una trilogía “rebelde” sobre la juventud polaca de la época.


Filmografía (largometrajes)

Señas de identidad desconocidas (Rysopis, 1964)

El fácil triunfo (Walkower, 1965)

La barrera (Bariera, 1966)

La partida (Le départ, 1967)

¡Arriba las manos! (Rece do gory, 1967)

Dialog 20-40-60 (1968) (episodio)

Las aventuras de Gerard (The Adventures of Gerard, 1970)

Deep End (1970)

El salto del tigre (King, Queen, Knave, 1972)

El grito (The Shout, 1978)

Trabajo clandestino (Moonlighting, 1982)

El éxito es la mejor venganza (Success Is the Best Revenge, 1984)

El buque faro (The Lightship, 1985)

El año de las lluvias torrenciales (Torrents os the Spring, 1988)

30 Door Key (1991)

Cuatro noches con Anna (Cztery noce z Anna, 2008)

Essential Killing (2010)

11 minut (2015)

Eo (2022)




Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...