Ir al contenido principal

Jerry Maguire (1996)

En varios momentos de Jerry Maguire (Cameron Crowe, 1996), Avery (Kelly Preston) concede importancia a ganar o perder, en realidad, llama perdedor a Jerry (Tom Cruise), pero, al igual que en la realidad, más allá del dinero o la posición social, no dice qué se gana o se pierde. Me refiero a si la interioridad siente propia la superficialidad a la que se refiere la ex, y la sociedad en general, cuando habla de perdedores y ganadores. Lo cierto es que el individuo, en este caso Jerry, sí lo siente, pero lo siente más por una imposición externa (de prestigio social) que por natural al ser íntimo que es. En ningún caso, es un perdedor por perder su empleo, tampoco un ganador por la firma de un contrato. ¿Existen, realmente? De existir ¿no seríamos todos ganadores y perdedores, pues, por ilusión, soñamos ganar y, por naturaleza, estamos destinados finalmente a perder? La existencia del perdedor no deja de ser fruto de la inmadurez de una sociedad que necesita creer en ganadores, pero ganadores de qué. ¿De un premio? ¿De una palmadita en la espalda? ¿De popularidad? ¿De un viaje con los gastos pagados? No estaría mal, pero no es lo que ahora necesito, quizá por la tarde. En este momento, lo que quiero es apropiarme de una idea de Lao Tsé, reinterpretándola para el caso y en beneficio de lo que quiero exponer (menudo tramposo, se lo digo al reflejo que imagino en un espejo), y decir que quien menos necesita y quien menos tiene, es el ganador, pues poco sería mucho y mucho, poco. Pero en una sociedad alienada, absorbida, entregada al ritmo salvaje y deshumanizado del <<enséñame la pasta>> hay quien se empeña en señalar que ganador es quien tiene dinero e imagen, pero Jerry Maguire se encargará de desmentirlo cuando le despierte la conciencia y dé el paso hacia su completo despertar, aunque, al final, su victoria (pues el film de Crowe cree en ganar y perder dentro del orden establecido) no deje de ser la admirada por la propia sociedad de consumo que idolatra a los ganadores y al dinero. No obstante, Crowe ofrece a su protagonista la posibilidad de recuperar los buenos sentimientos en los que tanto insistía Frank Capra y a nosotros la de creer en los “fínales felices” (esos que, sin contar con lo material, serían los que determinan el ganador). Y ahora, enséñame la “pasta”…

Lo bueno es que “Jerry Maguire” funciona no solo como comedia para lucimiento de sus estrellas y para transmitir un mensaje amable, o de amabilidad aparente, o de lo que se entiende por buenos deseos. Sobre todo, funciona como ventana a un mundo que se ha vendido al dinero (al marketing, a la publicidad, a la imagen…) y ha perdido valores como la amistad, la lealtad y la cercanía entre las personas. Esa intención de objetivos escrita por Jerry en un arrebato de conciencia, que le cuesta el empleo, también le sitúa ante su renacer como persona y como parte de algo más que de la compra-venta en el que se ha convertido su cotidianidad laboral. La filosofía “menos clientes, mayor trato humano” le cuesta el empleo, sí, pero le acerca un paso a quien puede ser, a su potencial yo, el que admira y enamora a Dorothy (Renee Zellweger) y por quien apuesta Rod Tidwell (Cuba Gooding, Jr.), el único de los clientes de Jerry que sigue con él. Un “yo” que empieza y se hace en la interioridad del uno, en su relación consigo mismo y con el resto. Pero un mundo como el de Jerry, exige a los individuos la pérdida de dicha interioridad, de valores y, si se descuidan, de sí mismos. Ahí, en estas situaciones que se sustituye el “ser” por el “conseguir material”, sí se puede hablar de perdedor: aquel que pierde su relación íntima en beneficio de una externa que le aparta de unos aspectos y lo acerca a otros más materiales. Lo que sucede en el mundo del deporte profesional se puede extrapolar al del cine, la literatura, la música,… cualquier espacio donde se pueda obtener beneficios económicos, todo es empresa e industria. El dinero es principio y fin y el resto apenas es secundario, lo que resulta patético pero rentable para quienes se venden y para quienes compran, en definitiva, para quienes juegan por la “pasta” y entonces pierde y ganan por la “pasta”.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...