Ir al contenido principal

Ausencia de malicia (1981)

Una noticia imprecisa no sería noticia, sería cualquier otra cosa, y no debería ser tomada como tal, pero cómo saber si es o no verídica. Para el público es difícil, ya que cree en los medios, confía en su honradez, los considera o consideraba supuestos defensores de la verdad en las democracias. Una noticia imprecisa no beneficia a ninguna de las partes, aunque alguna de las partes crea lo contrario. Sería poco menos que una especulación, una intención que falsea en su negligencia o en su propósito de causar un efecto con acusaciones que no verifica. Cualquiera de los casos anteriores puede hacer un daño irreparable a la imagen de los señalados, e incluso podría acarrearles opresión y destierro comunitario. Da igual que más adelante el medio se desdiga y que se pidan disculpas públicas por la equivocación; y da igual porque cualquier titular expresado o publicado condiciona a la opinión pública. Si un medio asegura que ha intentado comprobar la veracidad de lo que publica y no hay conocimiento de que la historia sea falsa (ni pruebas de que sea verdadera), ni intención de dañar la imagen pública del personaje a quien se alude, entonces se presupone ausencia de malicia en cualquier artículo que publique. Esta condición legal da manga ancha a los periodistas y a los medios. Ya no hay más límites que los autoimpuestos, de modo que se puede mentir sobre alguien, difamarlo o señalar una culpabilidad inexistente sin que ningún límite legal proteja al referido. Sobre este asunto gira Ausencia de malicia (Absence of Malice, 1981), una de las películas más atractivas y precisas —probablemente, en esto tuvo parte de culpa Kurt Luedtke, ex-reportero, que basó su guion en hechos que conocía de su etapa periodística—, también de las menos pretenciosas de Sydney Pollack. Dos años antes, Pollack había rodado El jinete eléctrico (The Electric Horseman, 1979) —quizá su mejor película, junto Las aventuras de Jeremiah Johnson (Jeremiah Johnson, 1972) y Yakuza (1974)— y ya apuntaba el sensacionalismo y la ambigüedad de los medios de comunicación, aunque, finalmente, la periodista interpretada por Jane Fonda se ganase las simpatías del público y el amor de su víctima mediática. Algo similar sucede con el personaje de Sally Field, la reportera que escribe el artículo que señala a Michael Gallagher (Paul Newman) como principal sospechoso en la desaparición de un sindicalista (que las autoridades creen) asesinado por una organización criminal.

La primera noticia que se publica condiciona la rutina de Gallagher y hunde su negocio de importación, pero es la segunda, la que Megan escribe para subsanar el error cometido en la primera, la que se cobra una víctima: Teresa (Melinda Dillon), amiga de Michael y católica practicante cuyo sentimiento de culpa llega al límite cuando ve publicada la historia de su aborto, una confidencia que le contó a la periodista para señalar la inocencia de Michael.

<<Los lunes son siempre distintos a los martes. No hay que mentir demasiado y de vez en cuando descubres al malo...Yo sé publicar la verdad y sé cómo no hacer daño a nadie. Lo que no sé, ni tú tampoco, es cómo compaginar las dos cosas>>. Con esta palabras, el editor jefe (Josef Sommers) pretende consolar a Megan, después de que el artículo desequilibrase definitivamente a la mujer que se suicida, superada por su educación católica (su complejo de culpa) y el que dirá la comunidad. El problema de Megan no es una cuestión de remordimiento, sino, como apunta su jefe, de falta de equilibrio entre la ética y la ambición profesional, pues todavía no posee la ética periodística que le permitiría sopesar pros y contras antes de publicar un artículo como el que inicia el drama. Megan ha pasado por alto su obligación de comprobar y verificar fuentes y noticias, y a volver a verificar y comprobar antes de publicar un artículo como el que señala a Gallagher sin más pruebas que la filtración que Elliot Rosen (Bob Balaban) realiza porque desea coaccionar al señalado, para que le dé información o se la consiga porque su padre fue contrabandista durante la ley seca. Lo cierto es que la periodista solo es un instrumento en una trama que ignora, pero lo es porque acepta serlo. Rosen lo da por sentado, por eso la recibe en su despacho y la deja a solas con el dossier de Gallagher sobre la mesa, porque sabe que ella lo leerá y publicará un artículo que señala culpable a un hombre inocente, o sin pruebas de su culpabilidad, basándose en circunstancias como su parentesco con uno de los jefes de la mafia local.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...