La tensión y la violencia que rodean y golpean al protagonista de Ruta infernal (Hell Drivers, 1957) confieren a la película de Cy Endfield su apariencia de thriller, mientras que el realismo de sus imágenes y su drama social la sitúan dentro de un ámbito laboral que, por similitud temática, recuerda en ciertos momentos a Mercado de ladrones (Thieves' Highway; Jules Dassin, 1949) y en menor medida a El salario del miedo (Le salaire de la peur; Henri-Georges Clouzot, 1953). Pero Ruta infernal no está influenciado por estos títulos míticos, lo está por los aspectos sociales de su época, por el realismo que años atrás se había impuesto en diferentes cinematografías e incluso por las experiencias vividas por su realizador, exiliado en Reino Unido tras su inclusión en las listas del comité de actividades antiestadounidenses. Dichas influencias se unen en Ruta infernal para dar forma a un excelente drama negro que señala y denuncia la explotación laboral sufrida por los camioneros, condicionados por el entorno que, con gran acierto, Endfield expuso adelantando algunas características del free cinema posterior. El verismo con el que el director estadounidense encaró la descripción tanto de los espacios por donde transita la película (la pensión, el bar, las carreteras, la cantera o el recinto empresarial) como de los personajes remite a la realidad laboral de un grupo de trabajadores presionados por su capataz y por el gerente de la empresa.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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