Ir al contenido principal

Masacre: Ven y mira (1985)



Entre sus cortometrajes en la escuela de cine de Moscú y sus largometrajes profesionales, la filmografía de Elem Klimov apenas alcanza la decena de títulos, un bagaje que se antoja escaso para un cineasta que alcanzó su mayor popularidad con Ven y mira (Idi i smotri, 1985), un film premiado en el festival de Moscú y proyectado en certámenes internacionales como San Sebastián. A pesar del éxito internacional de esta película, por motivos ajenos, Klimov no volvió a completar un proyecto cinematográfico, lo cual supuso una pérdida para el cine, pues, vistos algunos de sus films, nos encontramos con un director cuyo talento narrativo se pone al servicio de su mirada crítica, la cual evolucionó desde la sátira en Bienvenidos o prohibido el paso de extraños (Dobro pozhalovat, ili Postoronnim vkhod vospreshchen, 1964), su primer largo, hasta la trágica pesadilla que se descubre en las imágenes de Ven y mira. Antifascista, antimilitar y en parte fruto de los recuerdos de infancia de Klimov (del terror vivido durante el asedio a Stalingrado, su ciudad natal), la película se desarrolla en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, en una Bielorrusia de pesadilla, donde el horror y la alucinación nos llega a través de la mirada de Florya (Aleksey Kravchenko), a quien descubrimos desenterrando en un paraje desértico y desolado. No tardamos en saber qué busca. Se trata de un fusil que le permitirá unirse a la guerrilla, lo único que parece importar a este adolescente de quince años que desoye los ruegos maternos. Para él, la lucha es la idealización de la heroicidad nacida de la inocencia que no contempla el horror, la locura y la muerte que serán la tónica de su deambular por los distintos lugares donde sus ojos se abren a la realidad del conflicto que encuentra allí donde va y mira. En el barro, en el bosque, en la aldea o en la isla donde se encuentra con centenares de refugiados hambrientos, ven y mira como tu familia desaparece, como violan a las mujeres o como los aldeanos son hacinados en la iglesia de madera y quemados vivos. Todo ello forma parte del viaje sin retorno a la pesadilla bélica propuesta por Klimov, un viaje al  dolor y a la pérdida que desorbitan los ojos de Florya en los primeros planos que nos muestran su rostro, el cual solo se relaja al inicio, con la alegría de haber encontrado el arma, o durante la única escena idílica, que apunta a un imposible despertar al primer amor, una secuencia que se produce en el bosque y tiene como protagonista a Glasha (Olga Mironova). Ese instante de ensoñación desaparece porque en el espacio bélico expuesto solo habitan la desesperanza, el hambre y la violencia de los soldados alemanes que dan rienda suelta al salvajismo del cual los civiles no pueden escapar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...