viernes, 5 de octubre de 2012

La vaquilla (1985)



En el frente aragonés las tropas de ambos bandos llevan varios meses sin pegar un tiro; el máximo enfrentamiento se produce desde los altavoces que anuncian la fiesta que se va a celebrar en el pueblo que se encuentra en territorio nacional, lo cual fastidia bastante a Mariano (Guillermo Montesinos), soldado republicano oriundo del lugar, que lleva casi dos años sin ver a su prometida, quien, según él, podría estar pensando en bailar con otro. Por su parte, el brigada Castro (Alfredo Landa), militar de carrera de vivo carácter, observa que las tropas del regimiento se encuentran con la moral por los suelos, fruto de la inmovilidad y de la falta de otros manjares que no sean sardinas en conserva; si por tener no tienen ni tabaco. Así pues, como responsable de sus soldados, se le ocurre una brillante idea, con la que piensa matar dos pájaros de un tiro: subir la moral y alimentar a la tropa. A parte de Castro y de Mariano, el grupo que la llevará a cabo se completa con el teniente Broseta (José Sacristán), experto en rasurar cabelleras, aunque él se defina como el cerebro indispensable para que la misión alcance el éxito. Limeño (Santiago Ramos) se incorpora a última hora porque entre las tropas no hay ningún matarife que pueda dar finiquito al objetivo, y como torero que es se convierte en pieza indispensable para el teniente, como también lo sería el soldado (Carles Velat), que presenta la contradicción de ser un cura rojo que todavía no ha cantado una misaLa vaquilla caricaturiza costumbres y tradiciones de la sociedad española de uno de los periodos más desoladores de su Historia moderna: la Guerra Civil, conflicto que enfrentó tanto a conocidos como a desconocidos, muchos de los cuales no lucharían por una ideología definida, sino porque serían reclutados según el lugar donde les cogiese el conflicto. Este no es el caso de los soldados republicanos que forman el comando de élite que se adentra más allá de la líneas nacionales, un comando compuesto por cinco especialistas, cada uno parte vital en la misión de matar al toro que el enemigo y los vecinos del pueblo pretenden torear durante el festejo. Tras planear la misión hasta el más mínimo detalle: mapas, uniformes, horarios, guía o un señuelo, que mantenga entretenidos a los centinelas enemigos, el grupo se pone en marcha, aunque tarda más de lo previsto en alcanzar el corral donde aguarda la res. La iniciativa de Mariano de dar un rodeo para ver los almendros que forman parte de la herencia de su novia no sienta bien al resto del grupo, que se quejan de su falta de profesionalidad, al tiempo que Broseta saca la maquinilla de afeitar y le apura parte del cuero cabelludo; por suerte nadie les ha reconocido y alcanzan el corral. Pero en el establo, en lugar del toro, se encuentran con una vaquilla con unos cuernos tan grandes como los que Guadalupe (Violeta Cela) le ha puesto al Mariano, cornamenta que les trae más complicaciones que las causadas por la res que se les ha escapado. La vaquilla es otra fenomenal muestra del humor desplegado por Luis Gª Berlanga, y Rafael Azcona, su colaborador habitual en la escritura de los guiones, entre ambos idearon una farsa que no esconde el hambre, las costumbres (laicas y religiosas) o los errores cometidos en aquella España dividida, donde compartían espacio tanto el tonto del pueblo (Fernando Sala) (a veces semeja más listo que el resto) como el párroco (Valeriano Andrés), que afirma que una limosna a la iglesia sirve para llegar más rápido al cielo, o el marqués (Adolfo Marsillach), a quien sólo le preocupa que los nacionales avancen para recuperar la parte de su finca que se encuentra en suelo republicano. Durante la festividad de la Asunción, el comando suicida de La vaquilla vive una jornada que les depara la posibilidad no consumada de echar una cana al aire, tragarse una misa a la que no desean asistir, afeitar a un fascista que resulta ser el comandante de las tropas (Agustín González), asistir a una novillada un tanto peculiar o comer cordero asado en una fiesta popular donde Mariano sigue empeñado en pedirle explicaciones a esa novia que solo desea encontrar un marido que la libere de una soltería forzada por la contienda, que al igual que todas las guerras afecta a los civiles, aunque éstos sean tan especiales como los que desfilan y torean en La vaquilla.

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