sábado, 25 de junio de 2011

Sombrero de copa (1935)

Sombrero de copa (Top hat) es glamour y felicidad, no hay lugar para la intromisión del mundo real, característica que agradecerían los espectadores que entregaron sus centavos a cambio de la evasión y del entretenimiento que se les prometía. Sin duda, promesa que Sombrero de copa cumple desde su inicio, donde se presenta a Jerry Travers (Fred Astaire), un famoso bailarín y actor estadounidense recién llegado a Londres. El multimillonario Horace Hardwick (Edward Everett Horton), buen amigo de Jerry, es el culpable de esa estancia londinense, y lo es, porque le ha contratado para que protagonice un espectáculo musical producido por el mismo. En el hotel donde se alojan, el joven artista conoce a Dale Travers (Ginger Rogers), una hermosa joven por quien se siente inmediatamente atraído. Como era de esperar, Dale rechaza los encantos del bailarín, pero finalmente cede ante los sentimientos que éste despierta en ella. Sin embargo, la relación se complica cuando la joven, por error, confunde a Jerry con Horace (quien está felizmente casado con Madge, una buena amiga de la propia Dale). El disgusto provoca que la señorita Travers abandone la capital británica y se traslade a una Venecia de decorados, llena de brillo y esplendor, un paraje idílico por donde deambulan personas refinadas, pertenecientes a la alta sociedad. Es esa ciudad de canales irreales el lugar elegido para que Dale se reúna con Madge (Helen Broderick), el que presenciará el enredo que desarrollará entre excelentes números musicales. Sombrero de copa funciona a la perfección como comedia sofisticada y elegante, en la que gran parte del humor recae en el matrimonio Hardwick, en su ayuda de cámara (Eric Blore) y en Bellini (Erik Rhodes), un diseñador enamorado de sí mismo, que pretende la mano de Dale. El otro ingrediente que no desentona, sino que realza ese aire imposible, son las magníficas canciones compuestas por Irving Berlin, que son acompañadas por coreografías estilizadas, colosales y de un encanto que sólo se puede encontrar en las obras maestras del género. Como nota final, no se puede hablar de Sombrero de copa y no hacerlo de su pareja protagonista; Fred Astaire y Ginger Rogers, actores que colaboraron en varios clásicos del musical de la década de 1930, rodados bajo el sello de la mítica RKO. En la mayoría de los casos fueron dirigidos por Mark Sandrich, el competente realizador del film. Así mismo se decía que Astaire era el bailarín y, como tal, sentía cierta superioridad, que no ocultaba, con respecto a su compañera, cuyos movimientos eran menos ágiles y elegantes, pero quien poseía mayor talento dramático, característica que le proporcionó mayores oportunidades para enfocar su carrera hacia otros géneros, algo que no sucedió con Fred Astaire, encasillado para la historia como el mejor bailarín (junto a Gene Kelly) que dio el musical hollywoodiense.

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