Ir al contenido principal

Fragmentos de nada: Madurez en pañales


El fotograma pertenece al trailer de Arizona Baby (Joel y Ethan Coen, 1987)

Nunca me pregunto nada porque carezco de crítica y de más inquietudes que la curiosidad por esos colores que me llaman, por las texturas que me llevo a la boca, con los pies y las manos, y por los ruidos que no me dejan dormir. Que pesados se ponen esos dos gigantes cuando me achuchan, babosean y me hablan con voz de pito. No sé qué quieren de mí; ni yo de ellos, salvo que me atiendan cuando quiera. Están ahí desde siempre, pero tampoco voy a gastar mi tiempo despierto en pensar qué significa siempre o que esa pareja que me encima se encuentre ahí por mí y para ella. Me gusta disfrutar mi mundo de sensaciones. Claro que lo mejor de todo es babear. La saliva no me refresca, aunque moja, y me divierte ver las babas resbalando de mis labios y manchándome la ropita que otros me eligen, pues todavía no tengo edad para decidir ni pensar por mí mismo. Ni siquiera puedo sentir que voy a vivir para siempre, tal como hacen los grandullones, incluyo a los que me atosigan cuando les parece y que, sin éxito, simulan olvidarse de mí cuando les llamo con mis llantos. A veces les dedico un silencio para comprobar sus reacciones y si les veo acudir, pataleo y sonrío como si no hubiera mañana. Ya tendré tiempo para reflexionar sobre el tiempo y para conocerme y exclamar quién diablos es ese desconocido que llevo dentro. Vivo estos días de descubrimiento, de impacto, de dolor a ratos y de risas fáciles e inexplicables, como jornadas de imágenes que todavía no logro discernir con claridad entre la luz y la oscuridad que veo cada vez que abro y cierro los ojos. Inmóvil, camino claroscuros. Ahí están a diario, me acompañan durante la brevedad que no logro precisar su principio ni su fin…


Se está tan protegido y a gusto aquí, entre las sábanas, los barrotes de madera y las cremitas hidratantes que los titanes me extienden cada dos por tres mientras me castigan con sobredosis de cursilería. Prefiero huir de mí mismo, hacer caca y pis en los pañales y aparcar cualquier otra realidad maloliente para días de mayores. Dejo para otros las cuestiones existenciales y las más comunes las paso por alto, incluso las triviales no las digiero porque aún no me conducen a interrogantes como qué tal día hará hoy, cuando ya se ve por la ventana el día que hace, o cómo alguien ajeno al guion de una película sabe que está bien escrito, sencillamente por lo que ve en la pantalla. Como nada me pregunto, nada busco. Me anclo en la aparente inmovilidad de los nueve meses de edad, cuando la escritura no es ni una idea por venir, puesto que todavía carezco de la habilidad que aúna la imagen y la palabra, una habilidad de la que los grandes presumen, pero que no muestran cuando se acercan y dicen algo que me suena a purrupurrupurrru. Aún ignoro que el audiovisual, lo que veo y escucho, difiere en expresión y lenguaje de lo que imagino, también de la lengua escrita, ya no digamos de la literaria. Supongo que algún día comprenderé lo que los demás dan por hecho y que “todo” será sencillo o complicado, porque “todo” tendrá el sentido adulto del que carecemos los bebés, que no podemos valorar el resultado ni siquiera de nuestros lloros ni de nuestras risas, aunque vamos viendo que llaman la atención de los mayores. Qué tontos son, dejándose engañar, tanto o más por sí mismos que por mí y por el resto. Pero mejor así… Ahhh Se me abre la boca, los párpados pesan más que antes, ahora se cierran sin que pueda evitarlo… Se está tan cómodo y tranquilo aquí, lejos de cualquier realidad que no sea mi pequeño mundo...

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...