El inicio de Totò busca piso (Totò cerca casa, 1949) exhibe desenfado mientras señala y muestra varios problemas de las grandes áreas urbanas donde millones de personas chocan, se bañan en las playas pegadas unas a otras por falta de espacio o llegan tarde al trabajo porque el transporte público va hasta los topes. Pero el narrador precisa: <<el problema de los problemas: una casa>> y ese problema afecta a Totò, el protagonista del primero de los nueve largometrajes que Mario Monicelli y Steno, de nombre Stefano Vanzini, dirigieron juntos. Ya desde este primer momento común, y con Age y Scarpelli en el guion, los apuros azuzan la picaresca en los personajes de Monicelli y Steno. Y Beniamino (Totó) es el primero de tantos. Vive con su mujer (Alda Mangini), su hijo (Mario Gattari) y su hija (Lia Amanda) en el sala de un colegio porque su sueldo en la oficina no le alcanza para pagar el alquiler de un piso. En ese mismo trabajo, entre papeleo y papeleo y más burocracia, se las ingenia para conseguir otro trabajo: el de guardián con derecho a piso. Así, con la buena nueva, llega feliz al lado de su familia a la que informa de que ya tienen casa con cuarto de baño, cocina y teléfono. Todo es alegría en el seno familiar, hasta que leen en el contrato que el empleo es de guardia de cementerio. Su mujer le dice que por ahí no pasa, ni muerta, exclama; pero Beniamino se impone y los cuatro se trasladan con algo de miedo en el cuerpo a una casa donde el pánico aumenta, iniciándose de ese modo un recorrido alocado por distintos espacios sin posibilidad de un hogar estable. La escuela, el cementerio, de vuelta al colegio, pero ahora con alumnado y profesorado, la buhardilla del pintor (Aroldo Tieri) y novio de la hija o el coliseo de Roma son lugares de transición donde la familia y la pareja de directores dan rienda suelta al humor absurdo y alocado que tiene como protagonista absoluto a Totò, un cómico inolvidable, asiduo protagonista de las películas del dúo Monicelli-Steno.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


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