Salvo excepciones, ni los marchantes ni los críticos hablaban de él en vida. Apenas existía alguien, salvo sus más allegados, a quien no fuera indiferente o a quien no sorprendiese por las reacciones de su enfermedad. Su obsesión y su vida: la pintura. Plasmaba ambas en sus cuadros, que nada valían para sus contemporáneos, aunque fuesen los mismos que hoy se admiran en los museos o en colecciones privadas y se valoran en millones de dólares, de libras o de euros. La moneda da igual. Es el precio del coleccionismo, el que pone precio al Arte; el que se dispara por el poder adquisitivo de quien compite por la posesión y para lograr la exclusividad de poseer un Leonardo, un Van Gogh, un Pollock o un Picasso, como si poseerlos añadiese su valor a la valía del comprador. Cierto que el valor de la obra está en la obra y en quien la valora, pero no en cuanto se paga por ella; del mismo modo que la unión de lo popular y el tiempo olvida a la persona para dar forma al mito. ¿Por qué interesa tanto el personaje de Vincent Van Gogh? Digo personaje porque dudo que la realidad de la persona haya prevalecido sobre el mito que se impone al pintor y al hombre para ofrecernos la sublimación del genio que sufre su locura y el rechazo de su época: el alma herida cuyo sentir lo expresa en su pintura compulsiva y en sus cartas a Thèo o a su amigo Paul Gauguin. El conflicto, la interioridad, el arte pictórico de Vincent quedan en sus telas y en la correspondencia en la que habla de arte, de sus proyectos y de sí mismo.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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