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Fat City, ciudad dorada (1972)


El ámbito boxístico ha sido presentado desde el drama (El campeón, Campeón sin coronaRocco y sus hermanos o Million Dollar Baby), el cine negro (Cuerpo y alma, El ídolo de barro, Más dura será la caída o Nadie puede vencerme), el biopic (Gentleman Jim, Marcado por el odioToro salvaje o Ali), el documental (Cuando éramos reyes o Facing Ali) o la comedia (El boxeador, La vía láctea o su revisión en El asombro de Brooklyn), pero algo común a todos estos géneros sería la presencia de excelentes producciones que permiten indagar en un ambiente con frecuencia sórdido y casi siempre habitado por perdedores (la mayoría de los púgiles). Pero en Fat City, el universo pugilístico se muestra más pesimista si cabe, utilizado como telón de fondo para narrar la historia de un individuo que ha tocado fondo, carente de autoestima o de ambiciones, consciente de que su sueño dorado ha pasado de largo. Billy Tully (Stacey Keach), uno de los grandes perdedores dentro de la filmografía de John Huston, se encuentra inmerso en un ambiente acorde con su condición de derrotado. Cuanto le rodea confirma un periodo de recesión o decadencia que le obliga a buscar trabajos temporales como jornalero, de ese modo consigue unos cuantos dólares que gasta en los bares adonde acude para tomarse un par de copas y encontrar compañía. Aunque quizá no la mejor, como se observa en su encuentro con Oma (Susan Tyrrell) y Earl (Curtis Cokes), una pareja que se refugia en el alcohol. Desde el abandono de su esposa, la soledad ha dominado a Tully, creándole una desilusión que le arrastra al fondo del pozo en el que se encuentra; sin embargo, su encuentro casual con Ernie Munger (Jeff Bridges) le decide a ponerse en forma, y regresar a un deporte en el que nunca fue nadie y nunca llegará a serlo. Sin embargo, Ernie es distinto, él sí podría llegar a lo más alto, pues a Billy no se le escapa que el muchacho tiene aptitudes para ser un buen boxeador. Seguramente, Tully ve en el chico de dieciocho años una imagen suya del pasado, por eso le recomienda que se presente a Ruben (Nicholas Colasanto), su antiguo manager y entrenador, para que le ayude a convertirse en profesional. La relación entre Tully y Ernie muestra a dos extremos opuestos, el final y el inicio, la derrota y la posibilidad de salir adelante en un entorno sucio, que no ofrece oportunidades. No obstante, Ernie se aparta del boxeo tras su primera derrota, asumiendo que su futuro pasa por aceptar su relación con Faye (Candy Clark), de quien espera un hijo, y quien se muestra muy distinta de Ona, la alcohólica con quien Tully empieza a mantiene una tensa relación de pareja, que remarca la derrota vital del veterano púgil. Fat City no es espectacular, sus combates no pueden serlo, porque ni son el centro de atención, ni sus combatientes tienen ninguna opción de ser buenos pugilistas; todos son perdedores, todos se encuentran condenados a ese fracaso que domina allí donde Tully mira, consciente de que él es uno más de esos seres que no han conseguido más que perder su sueño y sus esperanzas, sin respuestas ante un futuro incierto, que no parece que vaya a ser mejor que su presente.

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