martes, 15 de noviembre de 2011

Manos peligrosas (1953)

La cámara enfoca a un tren subterráneo en el que viaja una joven a quien vigilan dos agentes federales, ella lo ignora, como también lo ignora el carterista que se le acerca con un periódico en la mano que usará para camuflar su hurto. Además de desconocer la presencia de los agentes, hombre y mujer desconocen el verdadero valor del material que se encuentra dentro del monedero que ahora pertenece a Skip (Richard Widmark), un ratero que ya ha sido condenado en tres ocasiones anteriores y si le pillan le caerá la perpetua. Este fue el excepcional arranque que Samuel Fuller eligió para Manos Peligrosas (Pickup on South Street), uno de sus mejores films, duro, pero no violento, aunque muestre escenas violentas, porque así lo exige una película que necesita de esa característica inherente al mundo de los bajos fondos en el que se ha criado el carterista, un ambiente nocturno de perdedores, de personas que venderían su alma con tal de poder obtener el suficiente dinero para seguir viviendo o ser enterrados con dignidad, como se descubre cuando la policía llama a Moe (Thelma Ritter), una anciana que vende información porque necesita el dinero para no ser enterrada en una fosa común; por ese motivo delata a Skip, aunque sienta por él cierto cariño, pero que no impide que le delate. La policía se presenta en la chabola donde vive el ratero, allí, delante de sus narices ha escondido el monedero tras haber descubierto que en su interior hay una película de la que desconoce su valor, pero gracias a su careo con los agentes descubrirá que se trata de un secreto de estado de gran valor; un documento que iba a pasar a manos de los comunistas que los federales llevaban tiempo vigilando. Skip miente, y lo hace porque la vida le ha enseñado a mentir y a no confiar, del mismo modo que le ha enseñado a sobrevivir a un a costa de los intereses de su propia nación. Así pues, los personajes se van configurando, como también lo hacen sus personalidades que presentan numerosos matices que imposibilitan conocer cómo actuarán a continuación. En Manos peligrosas (Pickup on South Street) no hay lugar para buenos o malos, sólo hay sitio para seres acorralados por cuanto les rodean, de ese modo se descubre que el capitán de la policía (Murvyn Vye) también es un hombre ambigüo, capaz de utilizar las amenazas o la violencia para ejercer su trabajo, como también se observa que Joey (Richard Kiley), siempre nervioso y asustado, utiliza a Candy (Jean Peters), su ex-novia y la chica a la que han robado, sin importarle ponerla en peligro o engañarla con tal de alcanzar su objetivo, que inicialmente era pasar los documentos y tras el hurto recuperarlos a toda costa. La exposición de Samuel Fuller deja claro que Candy y Skip deben encontrarse, y lo hacen, pero no resulta una historia de amor convencional, sino una historia de desconfianza, en la que ambos pretenden conseguir lo que desean, a pesar de la inevitable atracción física que se muestra sin prejuicios, como también se muestra la violenta reacción de Skip, quien no duda en pegar a una mujer a la que exige dinero a cambio de la información. La historia continúa acelerando su ritmo, mostrando la patética existencia de los protagonistas, en la que destaca el cansancio físico y psíquico que se ha apoderado de Moe, quien a pasar de vender a sus amigos por ese sueño de descansar en una tumba individual, es capaz de renunciar a él antes de delatar a Skip a los rojos que le persiguen. Es en ese momento del relato cuando los personajes muestran sus aspectos más positivos y humanos, Moe no delata a un amigo aún a sabiendas de que morirá si no lo hace, Candy tampoco delatará a Skip sabiendo que su destino sería el mismo que el de Moe, e incluso Skip deja, por un instante, sus ambiciones personales para ofrecer un digno adiós a la anciana que le había delatado, sin embargo, esta acción del ratero no es una claudicación a las exigencias de un buen ciudadano, sino un paréntesis en sus actos delictivos y en su afán por sacar tajada, aunque para ello deba negociar con los enemigos de la nación. De este modo, el personaje que interpreta Richard Widmark se muestra tal y como es, un tipo cuyo único interés sería él mismo, un hombre que no pretende detenerse, pero que puede ser detenido por una mujer que se ha enamorado y que es capaz de cualquier cosa con tal de evitar que vuelva a la cárcel, de hecho, ella se convierte en la conciencia de un hombre que parece no poseerla, porque se ha cerrado en sí mismo y se ha hundido en la oscuridad de los bajos fondos a los que pertenece. Manos peligrosas (Pickup on South Street) es una excelente película que se sustenta sobre un sólido guión elaborado por Samuel Fuller, en ella plasma un estilo propio que en ningún momento traiciona, salvo quizá al final, realizando una concesión que hasta ese momento no parecía posible.

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