lunes, 21 de noviembre de 2011

La ventana indiscreta (1954)

Alfred Hitchcock ofreció en La ventana indiscreta (Rear window) el protagonismo absoluto a la idea de observar a una comunidad de individuos que viven ajenos a los demás, sólo Jeff (James Stewart) parece estar al corriente de cada movimiento y cada comportamiento, es un mirón, un observador de las debilidades humanas que no se plantea hasta qué punto es ético mirar constantemente la vida de los demás. La individualidad y la intimidad son dos derechos que Jeff invade a pesar de las advertencias de Stella (Thelma Ritter), él desoye las palabras de su enfermera porque se encuentra sumido en un aburrimiento que le obliga a controlar a sus vecinos desde la ventana de su apartamento. Para el fotógrafo llevar seis semanas sin poder salir de su cuarto resulta un martirio, como también resulta tiempo más que suficiente para conocer las vidas de una comunidad que apenas se relaciona entre sí. A través de su ventana y de sus prismáticos Jeff descubre la soledad en la señorita corazón solitario, la ausencia de hijos en el matrimonio que duerme en la escalera de incendios, como consecuencia de la ola de calor que asola a Nueva York, y que vuelca en un perrito el afecto que no pueden entregar a ese hijo que no han tenido; también descubre a la hermosa bailarina que ensaya semidesnuda delante de la ventana, al pianista sin éxito que se refugia en el alcohol, a la pareja de recién casados en quien descubre la fogosidad del primer instante de relación o a otra pareja, la formada por el viajante y su esposa enferma, una mujer que a pesar de su convalecencia posee las fuerzas suficientes para discutir una y otra vez con su marido. La afición de Jeff vendría marcada por su interés en captar las imágenes que tanto hecha en falta, pero también podría ser fruto de la curiosidad innata al ser humano, una curiosidad que le obliga a observar a través de esa ventana desde la que descubrirá circunstancias extrañas que le llevarán a creer que se ha cometido un asesinato. No obstante habría que señalar que Alfred Hitchcock no sólo era un maestro del suspense, si no que su cine analiza los comportamientos humanos, como resulta evidente en La ventana indicreta (Rear window), película que muestra a Jeff, un individuo que duda de su relación con Lisa Fremont (Grace Kelly) porque resulta perfecta, pero no sólo duda por eso, sino por el miedo a cambiar una vida en la que viaja constantemente en busca de la fotografía perfecta, un trabajo que le permite no detenerse a pensar; no como ahora, postrado en una silla de ruedas de la que casi nunca se levanta. Sentado piensa, porque tiempo es lo que le sobra, observa y vuelve a pensar según lo que ha visto; de este modo, Hitchcock aprovechó para realizar un doble estudio del comportamiento: el que observa Jeff desde la ventana y el que se presenta en el interior su apartamento. La ventana indiscreta (Rear window) expone el tema de la curiosidad que surge desde dentro, desviándola hacia los extraños comportamientos del señor Thorwald (Raymond Burr) que alteran la rutina del convaleciente; un posible crimen que le permitirá reconocer el amor que siente por Lisa, una mujer que le ama y que se arriesga por él, con la estimable colaboración de Stella, quien a pesar de comentar que la invasión de intimidad está penada en algunos estados no duda en curiosear, como también lo hace su amigo el policía Doyle (Wendell Corey), quien no da importancia a las sospechas de Jeff; este grupo de observadores encabezados por el fotógrafo expone con claridad la opinión de Alfred Hitchcock de que en todos los individuos existe un pequeño espacio donde anida la curiosidad de observar al prójimo. Además de dicho análisis, el cineasta británico no se olvidó ni del suspense ni del buen cine, desarrollando ambos en un enorme decorado que se convirtió en un patio interior en el que las ventanas serían la entrada al mundo de los demás, pues la cámara nunca entra en la casa de los vecinos, sino que se detiene en esas aberturas que invitan a Jeff a observar al señor Thorwald, en quien el mirón parece encontrar un comportamiento extraño, que se basa en la repentina desaparición de su señora, un hecho del que hace partícipes a Lisa y a Stella, quienes también sacarán a relucir ese observador que llevan dentro.

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