sábado, 21 de mayo de 2011

Fort Apache (1948)

Ante todo se debe aclarar que Fort Apache no es una película de indios y vaqueros (noción que algunos tienen del western y que se convierte en un prejuicio que les niega la oportunidad de descubrir grandes títulos que se inscriben dentro de éste género). Dicho esto, Fort Apache es una película que muestra la vida de un grupo de personas ubicadas en un espacio acotado como lo es el fuerte donde viven y se relacionan. Fuera de sus muros se extiende el territorio de Arizona, representado por el omnipresente Monument Valley, que sirve a John Ford como espectacular marco para realizar su propuesta. Pero sobre todo, Fort Apache es un film que enfrenta dos visiones opuestas de entender tanto la vida como el código militar. La primera se muestra egoísta, academicista e intolerante, y vendría a ser representada por el resentimiento y por el interés que se observa en el nuevo coronel (Henry Fonda) de la plaza, quien pretende seguir las ordenanzas al píe de la letra, mientras aguarda su oportunidad para regresar al lugar del que le han echado. Por otro lado encontramos a todos los demás, personas que han aceptado como hogar un medio que puede ser inhóspito, pero también entrañable. Esta idea hogareña es captada por Philadelphia (Shirley Temple), la hija del coronel Thursay, que se enamora del joven teniente O'Rourke (John Agar), y que sirve como uno de los ejes narrativos de la historia. No obstante, quien mejor representa a este segundo grupo es el capitán York (John Wayne), un oficial competente, que conoce cuanto le rodea (tropas, medio externo o Apaches). Por lo tanto, la propuesta de John Ford va a exponer una visión de la historia de su país, centrada en el Séptimo de Caballería y en los hombres y mujeres que lo componían, sin necesidad de posicionarse en contra de los indios (que no aparecen hasta el final y su presencia está más que justificada), víctimas de algunos hombres blancos encargados de mal cumplir una misión que ellos mismos alteran para beneficio propio, a costa de un pueblo que ha aceptado unas condiciones que se incumplen continuamente sin la menor consideración hacia ellos. De este modo, no resulta extraño encontrarse con un pueblo descontento, que pretende luchar por su supervivencia y que se ven obligados a abandonar una reserva que únicamente sirve para acabar con ellos. Ante esa situación, se envía al capitán York para que acerque posturas con los indios, a quienes ofrece su palabra de que el coronel Thursday negociará con ellos, pero, cuando da su palabra, a este competente oficial se le pasan por alto el orgullo, la visión sesgada de la realidad y el aire de superioridad que dominan el comportamiento de su comandante en jefe. Ford presentó este contexto mediante la utilización de aspectos habituales de su cine; humor (representado en cuatro sargentos que ante todo prefieren un buen whisky), amistad y camaradería (el fuerte es una piña, las familias se ayudan y los soldados, además de ser compañeros, son amigos), un espacio abierto (Monument Valley), un guión escrito por uno de sus colaboradores habituales, Frank S.Nugent, o un reparto plagado de amigos entre los que destaca la presencia de John Wayne, Henry Fonda, Ward Bond, Anne Lee o Victor McLaglen, por citar algunos. Como conclusión, decir que las películas de John Ford podrán gustar en mayor o menor medida, pero lo que es innegable es su amplia visión para hacer cine, y un talento narrativo-visual pocas veces igualado, cualidades que confieren a sus películas, ritmo, sencillez y, algo muy importante, la capacidad de entretener.

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