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Sólo los ángeles tienen alas (1939)



Un ejemplo magistral para definir el tipo de cine que realizaba Howard Hawks podría ser Sólo los ángeles tienen alas (Only Angels Have Wings 1939), ya que reúne las constantes de un director excepcional y una de sus pasiones: la aviación, pero en su estado más puro, en el que sólo se encuentran el hombre, el aparato y las condiciones atmosféricas. De este modo, la situación se traslada a un espacio alejado de las comodidades de la civilización, al puerto bananero de Barranca, donde un grupo de aviadores sin futuro trabajan transportando el correo en aviones viejos y estropeados, por no hablar de una pista de aterrizaje o despegue que no es más que un lodazal rodeado de árboles como esos contra los que se estrelló Joe (Noah Beery, Jr.). El desafortunado accidente permite observar a la recién llegada, Bonnie Lee (Jean Arthur), los comportamientos de los restantes pilotos; actúan como si nada hubiese ocurrido, sin lamentos y sin nombrar al fallecido, ¿quién es Joe? pregunta Geoff Carter (Cary Grant) cuando Bonnie les recrimina por la aparente ausencia de sentimientos. Pero Bonnie Lee no tardar en comprender que esos hombres sí sienten lo ocurrido, pero no pueden detenerse, ni lamentar un hecho que no han podido evitar y que forma parte de sus vidas. También descubre que son una especie de familia, cuya cabeza visible es ese tipo que le atrae, en quien descubre un fuerte rechazo hacia las relaciones de pareja, que sólo se puede explicar por un desengaño amoroso sucedido en el pasado. Sin embargo, a pesar de las advertencias de Geoff, Bonnie se queda en Barranca, posiblemente porque se ha enamorado sin más, preguntándose ¿por qué vuelan si son conscientes del peligro que corren? o ¿por qué aceptan una vida que no les reporta beneficio, como muestran las escasas pertenencias de Joe? Kid Dabb (Thomas Mitchell), el mejor amigo de Geoff, intenta responder a esas preguntas, sin embargo, no encuentra una respuesta razonable, la única que existe reside en la certeza de que son pilotos, afirmación ésta que indica que nunca dejarán de volar, a pesar de los riesgos que ello implique. Así pues, Bonnie ha llegado a un universo masculino en el que inicialmente es bien recibida por su condición de novedad, y sobre todo por su condición de mujer hermosa, un mundo que se ve alterado por su presencia y por la posterior aparición de MacPherson (Richard Barthelmess) y su esposa Judy (Rita Hayworth), quien por casualidades del destino resulta ser la mujer que convenció a Geoff de la imposibilidad de combinar esposa y trabajo. Pero el peor de los problemas reside en ese tal MacPherson, cuyo verdadero nombre desea olvidar, como también desea hacerlo con un pasado que le persigue y que se descubre en cuando se encuentra con Geoff. MacPherson resulta ser el piloto que había saltado del avión que pilotaba permitiendo que éste se estrellase con el hermano pequeño de Kid en su interior, hecho que provoca el rechazo inmediato del resto de los pilotos. Tras plantear esas situaciones de grupo en un espacio acotado, donde se presentan varios problemas que ponen a prueba la amistad y la cotidianidad de unas vidas dedicadas a un trabajo peligroso del que no obtienen beneficio, Howard Hawks expuso el reto, la superación y la redención; tres circunstancias que serán propiciadas por la necesidad de cumplir con los viajes establecidos, aún a riesgo de sus vidas, pues la subvención que permitiría nuevos aparatos y mejoras en las instalaciones se encuentran en juego. Esa es la meta que persiguen Geoff y Dutchy (Sig Rumann), el socio capitalista, un buen tipo que a pesar de necesitar cumplir con el número de vuelos para no arruinarse, no desea que los pilotos se arriesguen volando en condiciones adversas; por ese motivo, la compañía la dirige Geoff, porque él sí se atreve a enviarles a las misiones, como también se reserva las más peligrosas, porque ante todo es piloto y un buen tipo como demuestra cuando recrimina a Judy por no dar una oportunidad a su marido, una oportunidad que Geoff llama confianza. Sólo los ángeles tienen alas resulta una delicia tanto desde su punto de vista técnico como en su puesta en escena, en el que se aprecia un enfrentamiento entre sexos, entre la idea de Geoff y la de Bonnie, una chica fuerte, pero que se ve superada por el miedo a perderle cuando éste se propone realizar una misión suicida, una más dentro de ese universo masculino acotado en el que Bonnie Lee pretende introducirse.

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