Ir al contenido principal

Gangster Squad (2012)



El uso que hacen los agentes de la ley en Gansgter Squad (2012) de la violencia para acabar con la criminalidad en la ciudad de Los Ángeles es más el reflejo de su intención de contentar al público menos exigente que el de crear una personalidad fílmica propia, lo cual no dice nada a favor de una película que, pretendiendo recrear una época, daría igual que su ambientación temporal se desarrollase en la actualidad o en la década de 1980. Habrá quien diga que se trata de un film de gánsteres, un neo-noir o un policíaco moderno, pero ni unos sombreros hacen al policía ni un gesto hosco al criminal, como tampoco pretender tapar los vacíos en la sala de montaje dota de modernidad a una película. El film de Ruben Fleischer repite los mismos fuegos artificiales que otras producciones que pretende ser y no son, pues tras su primera apariencia se descubre la ausencia de ideas. Quizá por ello, ante todo, Gangster Squad es una película de acción que vive de formas prestadas de otras producciones, de la violencia gratuita en explosiones, golpes, disparos y cualquier otro tipo de herramienta que no obligue a sus responsables ni al público a plantearse cuál es o cuáles son los temas que plantea. La impresión es que no lo hace, que prefiere y se decanta por exponer la lucha ruidosa entre el supuesto bien representado por los agentes incorruptibles, que asumen la violencia como única vía posible, y el mal encarnado de forma grotesca por el Mickey Cohen interpretado por Sean Penn. No importan los motivos ni las motivaciones de unos y otros, menos aún los aspectos personales, ni las relaciones humanas que apenas se vislumbran en John O’Mara (James Brolin) respecto a su mujer (Mireille Enos), a su trabajo, a su ideal de deber y honor, o la de Jerry (Ryan Gonsling) y Grace (Emma Stone), la chica del gánster mantienen como si con ello se cubriese un cupo necesario de romance. Nada de esto parece importar, solo interesa prestar atención a la acción expeditiva, lo cual provoca que la fuerza bruta nunca abandone un estado de irrealidad que provoca muertes irreales o heridas externas o internas que apenas signifiquen un rasguño en la mente de quien observa la trama.


En Los Angeles de Cohen y de O’ Mara no hay espacio para realidades ni para aspectos que nos remitan a algún espacio sombrío como el que sí hayamos en L. A. Confidencial (L. A. ConfidentialCurtis Hanson, 1997), quizá la película más acertada del neogansterismo cinematográfico ambientado en la ciudad californiana. La presentación de los antagonistas no puede ser más clara al respecto. Conocemos a ambos en dos secuencias en las que emplean la violencia para dos objetivos supuestamente distintos: el primero, Mickey Cohen, para indicarnos que es brutal y despiadado, más allá de que existan intereses como el controlar un espacio que hasta entonces estaría dominado por la mafia del este. El segundo, el sargento, emplea la brutalidad cual caballero andante para salvar a una damisela en apuros. Pero ambos son lo mismo, personajes vacíos, arquetipos que ya desde ese doble inicio apuntan la senda a transitar por un film que no deja de ser una sucesión de ideas y situaciones vistas con anterioridad y de personajes que se adaptan a las exigencias establecidas, del género en su estado más simple y políticamente correcto —en el grupo anticriminal hay un afroestadounidense y un hispano, aunque sus presencias resultan insustanciales y nada aportan a la trama. La misma falta de sustancia la encontramos en Jerry, personaje que posiblemente se debe a una doble finalidad: atraer a las salas a los admiradores y admiradoras de Gosling e introducir una historia de amor que se queda en terreno abonado para más tópicos.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...