Como todo gran centro urbano, Barcelona ha mantenido una relación continua con el cine, tanto como escenario de películas como lugar donde producirlas. Durante la guerra civil, el Sindicato de la Industria del Espectáculo (S.I.E.), productora cinematográfica dirigida por la organización anarcosindicalista CNT, tenía su sede y sus estudios en la Ciudad Condal donde se dedicó durante los primeros compases de la guerra civil a realizar dramas sociales entre los que destacan Barrios Bajos (Pedro Puche, 1937), ¡Nosotros somos así! (Valentín R. González, 1937) y Aurora de esperanza (Antonio Sau, 1937), quizá los films de ficción más reconocidos producidos por los anarquistas durante el periodo bélico; del bando sublevado quizá tal honor recaiga en Frente de Madrid (Edgar Neville, 1939). En el caso de Aurora de esperanza, el primero de los tres largometrajes dirigidos por Antonio Sau Olite, se plantea un conflicto todavía no resuelto: el paro y cómo el despido afecta a los trabajadores que, como Juan (Félix de Pomes), se quedan sin trabajo y con una familia a la que mantener sin poder hacerlo. La nueva situación laboral, la de no tener labor remunerada y ver reducidas a cero las opciones de una cotidianidad digna, depara las protestas y la búsqueda de soluciones y de justicia para el trabajador a quien se usa y se “tira” sin miramientos —en el caso del protagonista, con un despido de 200 pesetas que no llegan para cubrir los gastos mensuales familiares— porque ya no rinde beneficios a la empresa que cierra sus puertas sin que en la pantalla se explique el motivo. Sau Olite toma partido por el proletario y no explica la posición del empresario, explicación que, salvo excepciones que evidencian una conducta amoral que solo busca su beneficio —caso de El buen patrón (Fernando León de Aranoa, 2021)—, tampoco suelen darse en el cine de carácter social.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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