miércoles, 18 de mayo de 2011

Bienvenido, Mister Marshall (1952)


Que España pasaba por malos momentos económicos y sociales no era ninguna novedad ya entrada la década de 1950, pero lo que muchos no tenían claro era que únicamente el trabajo bien hecho sería un motor fiable para salir de aquella precaria situación. Para hacer hincapié en esto, tanto Juan Antonio Bardem como Luis García Berlanga escribieron el guión de ¡Bienvenido, Mister Marshall! con la clara intención de satirizar ese comportamiento social que se individualiza en la ilusión que se apodera de un pueblo andaluz (que podría generalizarse para todo el país) ante la inminente llegada de ayudas del exterior. En las mentes de las vecinas y de los vecinos se desborda la fantasía e imaginan que los visitantes estadounidenses les ofrecerán cuanto necesitan, con tan sólo pedirlo, para abandonar la carestía dominante. Más que estadounidenses, para los habitantes de Villar del Río (en realidad, para abaratar costes, el pueblo madrileño de Guadix de la Sierra) los americanos son Reyes Magos. Esta ilusión lleva al pueblo a realizar un esfuerzo económico para celebrar un gran recibimiento (no hay dinero para cosas más importantes, pero sí para un gasto inútil). Inicialmente, no son los habitantes los que pretenden engalanar su villa, sino que reciben la orden de instancias superiores que desean dar una imagen jovial y de gratitud hacia aquellos a quienes quieren convencer de la alegría española y de la buena disposición de sus habitantes. Una vez más, observamos la constante de basar la sociedad en la imagen que se muestra de puertas hacia fuera. Sin embargo, la que iba a ser la segunda película del dúo Berlanga-Bardem, acabó siendo la primera película en solitario de Luis G.Berlanga, debido al empeño de la productora en dejar fuera del proyecto a Juan Antonio Bardem, quien ante la falta de liquidez había vendido sus acciones de la misma, lo cual no fue del agrado de los directivos. Como consecuencia, el reconocimiento internacional del film, premiado en Cannes, recayó en Berlanga, aunque tres años después Bardem sería recompensado en el festival francés por Muerte de un ciclista (1955). El film presenta personajes habituales de cualquier pueblo español de la época. Son personas que representan a todo un conjunto, y en sus diálogos se encuentra los sueños y desilusiones de muchos de sus compatriotas. Las relaciones entre ellos son, a pesar de las diferencias e incluso discusiones, amistosas. Todos se conocen y forman parte de su día a día. Estos personajes están interpretados con gran acierto, destacando la presencia de Manolo Morán y de José Isbert, en ellos recaen los mejores momentos del film, como puede ser el discurso en el balcón del pueblo. Cabe señalar, la presencia de la voz de Fernando Rey deambulando por el metraje como si de un todopoderoso narrador se tratase, que puede meterse en cualquier rincón del pueblo para explicarnos o mostrarnos quiénes son o qué hacen sus habitantes. Una sátira divertida y que pone en entredicho, una vez más, una sociedad que deposita sus esperanzas en una ilusión vana, dejando a un lado lo verdaderamente importante, un esfuerzo común para salvar una situación tan repetida en el tiempo como lo es la pobreza.
Como conclusión, ¡Bienvenido Mister Marshall! anuncia el estilo cinematográfico que Berlanga irá confirmando a lo largo de los años, en ella hay cabida para la coralidad, el esperpento, los planos secuencias y la ironía de un cineasta clave más allá de la comedia y de la cinematografía española.

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