jueves, 7 de febrero de 2019

Heroica (1957)

La filmografía polaca de posguerra encuentra en la Segunda Guerra Mundial un tema recurrente, algo lógico si se tiene en cuenta que Polonia fue uno de los países más afectados y devastados por la contienda bélica y que los cineastas de la "escuela polaca", aquellos que renovaron la cinematografía nacional hacia finales de la década de 1950 y primeros años de la siguiente, vivieron el conflicto en primera persona. Además, habría que tener en cuenta que el pasado, reciente o lejano, histórico o imaginado, permitía a los distintos realizadores adentrarse en su presente de forma indirecta, mostrando en historias pretéritas situaciones que podrían extrapolarse al tiempo del rodaje. Esto se observa en Jerzy Kawalerowicz y sus incursiones en el siglo XVII de Madre Juana de los Ángeles (Matka Joanna od Aniolow, 1961) y en el Antiguo Egipto de Faraón (Faraon, 1966), donde nos ofrece una lucha de poder que refleja el enfrentamiento entre Estado e Iglesia en la sociedad de sus días o en Wojcieh J. Has, que nos invita a una magnífica fantasía surrealista, sin principio ni fin, en El manuscrito encontrado en Zaragoza (Rekopis znaleziony w Saragossie, 1964). ¿De qué nos hablan? ¿Del pasado o del presente? Con Kawalerowicz no hay duda, pero en el caso de Has esto ya no está tan claro y cabría preguntarse si su magistral propuesta circular remite al presente, a la naturaleza (racional e irracional) humana, de la cual ningún individuo puede escapar, o simplemente a historias que llevan a otras que deparan otras nuevas para devolvernos al punto de partida. Pero basta de divagaciones, regresemos al marco cinematográfico de la ocupación de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial y centrémonos en Andrzej Wajda y Andrzej Munk, otros dos pilares del nuevo cine polaco, pero cuyas miradas difieren a la hora de abordar al individuo en su relación con el espacio que condiciona su heroicidad. Como Kawalerowicz y Has, ambos Andrzej son figuras imprescindibles en la renovación cinematográfica del país centroeuropeo, pues rompen con las formas estéticas del realismo socialista y se decantan por estilos novedosos desde los cuales conceden mayor protagonismo al individuo, al entorno que ocupan y a los hechos que en este se producen. El realismo y el pesimismo que Wajda emplea en su trilogía bélica -Generación (Pokolenie, 1954), Kanal (1957) y Cenizas y diamantes (Popiók i diament; 1958)- chocan con la ironía que Munk concede a Heroica (Eroica, 1957), película compuesta de dos mediometrajes independientes que se desarrollan en escenarios antagónicos. Ni hazañas ni proezas, Heroica es la realidad del no heroísmo y el fruto de la ironía de un cineasta que sabe por propia experiencia que en la guerra no hay héroes, ni actos heroicos, solo la figura del individuo, de su individualidad frente y dentro del sinsentido que impera en el espacio del que no puede escapar, lo intente o no, de modo que sus vivencias se desarrollan tragicómicas. Esto resulta más evidente en Scherzo alla Polacca, la primera parte, la cual, en su mayor parte, transcurre en localizaciones abiertas donde la libertad y el humor nacen de Ninny (Edward Dziewonski), mujeriego, borrachín, cornudo, pícaro y, como tal, aspirante a huir de la guerra aunque no pueda hacerlo, pues todo parece conducirlo al caos, que siempre lo atrapa, y que finalmente acepta para dejar atrás otro peor: su matrimonio. Pero dicho tono se oscurece en el recinto cerrado donde se desarrolla la totalidad de Ostinato Lugubre, un campo de prisioneros de donde, salvo el legendario Zawistowski (Tadeusz Lomnicki), nadie se ha fugado. Si la primera parte la ironía es visible y dominante, y me trae a la memoria las italianas La Gran Guerra (La Grande Guerra; Mario Monicelli, 1959) y Todos a casa (Tutti a casa; Luigi Comencini, 1960), la segunda se encierra cual Traidor en el infierno (Stalag 17; Billy Wilder, 1952) para redundar en la inexistencia de la heroicidad, aquella que se atribuye al único evadido del campo, un soldado mitificado que se mantiene oculto en el falso techo del barracón donde el teniente Zak (Jósef Kostecki) expresa su deseo de soledad, símbolo de su individualidad, en un estado de cautiverio que la impide. Este soldado se muestra contrario a sus compañeros, se encierra en una caja de madera porque así tiene la sensación de aislarse. Allí lee, pero sobre todo grita por su individualidad, aquella que es rechazada por la mayoría de los presos con quienes comparten alojamiento. Quizá sea una manera de Munk de revindicar al individuo frente a un estado (comunista) que promueve el colectivo, un sistema que en el momento del rodaje de Heroica parecía abrirse al exterior y a nuevas posibilidades. Fuera como fuere, lo que no tiene cabida es la figura del héroe y sí el escepticismo del realizador, pues, los protagonistas de Heroica ni lo son ni pretenden serlo. La única heroicidad que puede atribuirse al pícaro de la primera historia es la de sobrevivir a la misión que le ordenan cumplir, y sobrevive porque se muestra distinto, para nada heroico, y consciente del valor que concede a su vida. Así, pues, no duda en abandonar la instrucción al inicio de su aventura o se emborracha cuando tiene ocasión de hacerlo (incluso en el campo de batalla) y dicha ebriedad le salva de un tanque enemigo. Tampoco se muestra dispuesto a colaborar con la anciana a quien insulta, cuando un soldado alemán le obligado a cargar con el pesado fardo de la paisana, y ni se inmuta al descubrir a su mujer (Barbara Polomska) en brazos del teniente húngaro (Leon Niemczyk) que le propone una alianza entre la Resistencia polaca y las tropas magiares, alianza propuesta por interés, cuando los húngaros son conscientes de que Hitler está <<kaput>>. Si en Wajda la heroicidad existe y nace de situaciones que la fuerzan (la inocencia de juventud en Generación o la supervivencia en Kanal), en Munk no hay el menor rastro de gestos ni gestas heroicas, como corrobora que los protagonistas de ambas historias no realicen actos que puedan considerarse extraordinarios, salvo que consideremos extraordinario que Ninny no pueda escapar del espacio en guerra, pero sí de su esposa infiel, y que la inútil muerte de Zak, quizá no lo sea para él, pues a buen seguro con ella logra el acceso a la soledad que anhela en vida.

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