jueves, 2 de febrero de 2017

Cenizas y diamantes (1958)

<<Como una antorcha incandescente que arde
esparces a tu alrededor centellas crepitantes.
¿Sabes, al menos, si ardiendo eres más libre
o si aceleras el desastre de todo lo que fue tuyo?
¿Si solo quedara de ti un puñado de ceniza
dispersado por la tempestad, o si se hallará
en lo más profundo de las cenizas un diamante estrellado
promesa y prueba de victoria eterna?

(Cyprian Norwid)


La filmografía de Andrzej Wajda presenta a lo largo de muchos de sus títulos una intención (necesidad) de analizar la situación presente de su país natal desde hechos históricos pasados, que abarcan desde la Segunda Guerra Mundial hasta el final del periodo comunista que se implantó a la conclusión del conflicto bélico que el cineasta polaco expuso en su "trilogía de la guerra", iniciada en Generación (Pokolenie, 1954), su primer largometraje como director, seguida de la claustrofóbica Kanal (1957) y concluida en Cenizas y diamantes (Popiók i diament, 1958), que se desarrolla entre los días 7 y 8 de mayo de 1945, cuando Polonia se ve liberada del yugo nazi. En ese momento, los distintos sectores de la resistencia polaca se adentran en un nuevo periodo de lucha por el poder, que enfrenta a la Armia Krajowa, católica, nacionalista y partidaria del gobierno exiliado, con la Armia Ludowa, comunista, partisana y prosoviética. Aunque habían hecho frente al invasor común, nunca lo hicieron desde el acuerdo, algo que ambas partes saben (y hacen) imposible en el momento de la rendición alemana, cuando el país, destruido por la contienda, se ve dividido y desorientado sin saber cuál será el futuro que le aguarda. Conocedor de los hechos de primera mano, él mismo fue miembro de la Armia Krajowa, Wajda expuso ese primer día de posguerra y de enfrentamientos, que se prolongarían en el tiempo para formar parte de la realidad polaca que durante años enfrentó a católicos y comunistas, sin juzgar las posturas, ni disponiéndose a favor de una u otra, solo mirando de manera desencantada y descarnada un presente de cenizas y caos que, como pregunta Norwid en su poema (del cual toma su título la película y la novela de Jerzy Andrzejewski en la que esta se basa), ¿hallará en sus profundidades un diamante? Ese diamante, promesa de un futuro sin luchas internas y oscuras, lo simboliza Maciek (Zbigniew Cybulski) en Krystyna (Ewa Krzyzewska), a quien conoce y de quien se enamora en el hotel donde se desarrolla gran parte de Cenizas y diamantes, y en cuyo interior (habitaciones, salones y recepción) se enfrentan el presente y el futuro de una nación que no encuentra la respuesta de si el mañana será o no la victoria humana que Maciek proyecta en la joven camarera, una ilusión que se escapa cuando más cerca se encuentra de hacerse real. Es 8 de mayo de 1945, las fuerzas alemanas se han rendido incondicionalmente a las soviéticas. Entre el júbilo del pueblo la lucha entre las dos ideologías (y los intereses que conllevan) por alzarse con el poder sale a plena luz durante los primeros minutos de metraje, cuando Maciek y Andrzej (Adam Pawlikowski) acribillan a dos obreros que confunden con Szczuka (Waclaw Zastrzezynski), el intelectual y líder comunista en cuya muerte sus superiores ven una acción político-propagandística de la que depende su porvenir. En ese instante el joven protagonista, símbolo de la nueva generación, aún no se ha planteado que para él pueda existir una vida más allá de la oscuridad y de la violencia en la que se encuentra atrapado, pero llegará a verla en Krystyna, un personaje en quien Wajda representa la esperanza de un país sin conflictos ideológicos. La breve relación que Maciek mantiene con la joven camarera despierta su ilusión de vivir y su necesidad de dejar de ocultarse (las gafas de sol que protegen sus ojos afectados por su estancia en las cloacas durante el levantamiento de Varsovia también simbolizan su visión de la realidad) y dejar de matar, para poder expresarse y sentir en libertad. Así se sincera con su amigo Andrzej, pero este le insiste que ya es demasiado tarde para renunciar a la misión que en los primeros compases de la película no lograron terminar con éxito, una misión que el joven protagonista se ve forzado a concluir en la nocturnidad iluminada por los fuegos artificiales que dan paso a un nuevo día de ilusiones rotas.

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