jueves, 26 de julio de 2012

La bestia humana (1938)


El cine negro americano (el que abarca las décadas de 1940 y 1950) tiene en el realismo poético francés de finales de los años treinta a uno de sus antecedentes, del cual toma personajes oscuros y pesimistas en cuanto a las sensaciones que les dominan; quizá por ello La bestia humana (La bête humaine), basada en una novela de Emile Zola, (aparentemente) semeje más un film noir que un drama trágico en el que sus personajes se dejan dominar por las emociones y los miedos que surgen de su interior, creando en ellos a esa bestia a la que se refiere el título, ya que los tres principales personajes sacan a relucir la que habita en su interior en determinados momentos del film de Jean Renoir, que Fritz Lanrevisionaría en la excelente Deseos humanos (Human Desire, 1954) (un clásico del cine negro). Rouband (Fernand Ledoux), subjefe de estación, parece un individuo tranquilo, pero comete el error de amonestar al hombre equivocado, cuestión que le hace temer por su empleo y le obliga a pedir a Sévérine (Simone Simon), su esposa, que hable con Grandmorin (Jacques Berlioz), el padrino y probablemente el amante de ésta. El propio Rouband es el responsable de enviar a su esposa a los brazos de otro hombre, como también lo es de sentirse menos hombre al descubrir la infidelidad que desata su violencia y provoca que golpee a su esposa y planee el asesinato de Grandmorin, crimen con el que pretendería limpiar su honor mancillado y recuperar la virilidad perdida. El homicidio se comete en el mismo tren en el que viaja Jacques Lantier (Jean Gabin), hombre y bestia, que no encuentra equilibrio en su interior, salvo cuando viaja en su locomotora, donde parece conseguir esa paz que desaparece en su relación con Flore (Blanchette Brunoy), a quien casi estrangula y a quien abandona porque existe algo en su mente que despierta la violencia y la locura. Quizá se trate de un desequilibrio hereditario (obsesionado con la idea de que sus antepasados eran borrachos y violentos) o puede que sea el temor a ser él mismo lo que le obliga a esconder sus instintos, pero éstos surgen con más fuerza y descontrol. La presencia de Lantier en el vagón advierte a Sévérine de que puede haberles visto, sospecha que le impulsa a acercarse para charlar y obtener la información que busca. A pesar de saber la verdad, Lantier miente a la policía cuando le preguntan por el crimen, y lo hace porque observa la belleza de Sévérine, quien parece suplicarle que le proteja. Lantier miente una segunda vez cuando declara ante el juez, perjurio que conlleva la salvación de Sévérine y la condena de Cabuche (Jean Renoir); un obrero que viajaba en el tren y que confiesa su odio hacia la víctima, pero también su inocencia. El egoísmo de Lantier, llámese pasión o deseo por Sévérine, le obligan a ocultar lo que sabe, permitiendo que el inocente pague las culpas del matrimonio porque de no ser así su turbulenta y apasionada relación con Sévérine no daría comienzo, aunque ambos son conscientes de su imposibilidad, ya que tanto ellos como el crimen que les ha unido provocan que sus instintos se conviertan en el guía de sus actos. La bestia humana es una película oscura porque es una reflexión pesimista sobre la naturaleza humana (en Europa no tardaría en estallar la Segunda Guerra Mundial) y la bestia que habita en ella, convirtiendo a los personajes en seres vacíos, como sería el caso de Sévérine, o atormentados y violentos como Lantier.

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