Es naturaleza de la juventud no evaluarse a sí misma; pues en su instante de tenencia, no se valora, se vive. Esto implica que no pueda añorarse, ni reconocerse en la distancia o ser el recuerdo en el que se convertirá cuando su tiempo desaparezca y de nada sirva decir <<se es joven de espíritu>>, porque cualquier espíritu, incluso el que presume ser juvenil, vive condenado en una prisión cronológica que le depara que tarde o temprano la juventud sea su añoranza, su ilusión o su espejismo. En su deterioro y posterior ausencia, hay quien la acepta como un pasaje de su vida igual de fugaz que el siguiente periodo vital, cuando también hay quien desea recuperarla y perpetuarla. Resumiendo, sospecho la juventud cegadora para quien la posee, hasta que desaparece y empieza a mirarse con otros ojos. Entonces, aparecen faustos y faustinas cuyo deseo imposible demanda la eterna belleza juvenil, ofertada y publicitada por los distintos medios desde el fin de la II Guerra Mundial hasta días por venir. La oferta de esta ilusión llega creciente hasta la actualidad, pero el mito de Fausto y el negocio de la eterna juventud son anteriores a la publicidad, a las no milagrosas cremas antiarrugas, a los gimnasios y a la cirugía estética que, según los resultados visibles, ya no sabemos si disimula el paso del tiempo o exagera su deterioro. Asoma en la Antigüedad, en diversos “momentismos” sociales e históricos —teocentrismo, antropocentrismo, egocentrismo, infantilismo—, en la literatura clásica, más adelante en el cine mudo y también en el sonoro, y en esta comedia negra en la que Robert Zemeckis concede el protagonismo a los efectos visuales, junto a su reparto, uno de los mayores reclamos del film y cuyo abuso acaba perjudicando el atractivo de una propuesta divertida y prometedora.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...


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