La intimidad de Neneta y el entorno, físico y humano, que la rodea fluyen de forma natural en la propuesta de Zarauza, una propuesta en la que el cineasta no esconde su postura, ni su simpatía hacia el grupo de peones en el que desarrolla la amistad entre la protagonista y varios compañeros —Balboa (Miguel de Lira), Avelino (Gonzalo Uriarte), Josué (Xúlio Abonjo) y Curtis (Xosé A. Touriñán)—, que confieren mayor atractivo y autenticidad local al film. Ellos son los trabajadores a quienes el empresario Barreiro (Alfonso Agra) califica de "fenómenos" cuando les entrega su salario, pero lo dice porque los explota sin recibir quejas y le reportan beneficios económicos. <<Vosotros seguid así, que sois unos fenómenos! ¡Unos fenómenos!>>, exclama antes de que la crisis se cebe con los más débiles; es decir, con los obreros-fenómenos que verán desaparecer cualquier promesa de estabilidad y de bienestar. Ese momento llega, y con él lo hacen los despidos, los impagos y, finalmente, la carestía económica que impide la continuidad a los "pequeños" sueños de trabajadores como Neneta o Josué. El plano con el que Zarauza se distancia y se despide de su protagonista parte de la terraza de Neneta. Es un plano del personaje, que mira hacia el exterior físico y hacia su interior: hacia el pasado, que se va, hacia el presente, en el que se encuentra, y hacia la incertidumbre que se abre ante ella. La cámara se aleja y amplia el encuadre, hasta observar las terrazas de los apartamentos contiguos y sus respectivos carteles de se vende. En ese instante, no se muestra un conjunto vacío de viviendas, se enfoca el final de la estabilidad que, al inicio, la protagonista pretende hacer real. Entonces, la realidad no la impide, pues aquella inestabilidad pretérita nace de dudas e intenciones existenciales, y difiere de la actual -de carácter más económico- contra la cual tendrá que seguir luchando en una batalla que, a pesar de las décadas que las separa, guarda relación con la dignidad y la idea de bienestar que precipitaron la migración del obrero de La piel quemada (José María Forn, 1966).
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



Comentarios
Publicar un comentario