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Una pistola al amanecer (1956)


Rescatado del olvido popular gracias a sus sugestivas aportaciones al terror de
serie B, el cine de Jacques Tourneur nos descubre a un cineasta que no solo revolucionó el terror cinematográfico, al introducir una perspectiva psicológica hasta entonces inédita, sino a un director cuyo conocimiento del medio le permitió manejar con precisión diversos géneros (aventuras, cine negro, terror o western) y, sin apenas hacer ruido, desarrollar su interés por personajes contradictorios, en ocasiones trágicos y en buena medida tan individualistas como el protagonista de Una pistola al amanecer (Great Day in the Morning, 1956). Al inicio del film se observa al solitario Owen Pentencost (Robert Stack) rodeado de indios y, a pesar de las relaciones que mantendrá con Ann Merry (Virginia Mayo), Boston (Ruth Roman) y Gary (Donald MacDonald), la soledad del antihéroe, aquella que le niega cualquier posibilidad de pertenencia grupal, estará presente hasta la conclusión de la película. Tourneur abrió su último western para la gran pantalla con un rótulo que nos ubica en Colorado en 1861, previo al estallido de la guerra de la Secesión, y nos señala la creciente tensión entre sureños y unionistas.


La guerra es inminente en ese espacio convulso donde el responsable de
La mujer pantera (Cat People, 1942) introdujo el triángulo amoroso, la intriga, la rivalidad entre Norte y Sur, la independencia individual o la relación paterno-filial que Owen inicia con Gary tras haber matado al padre de este. Pero sobre todo, el realizador profundiza en la interioridad de sus personajes, tanto en las dos mujeres como en el antihéroe obligado por las circunstancias a replantearse sus emociones, sus decisiones y cuál es el lugar que le corresponde asumir dentro del momento histórico durante el cual se desarrolla imparable la violencia que enfrenta a unionistas y confederados. Pero el enfrentamiento de Pentencost es consigo mismo y nada de lo que sucede a su alrededor parece importarle. La única idea que ronda su mente es la de sacar partido a la situación. Tampoco tiene la intención de decidir entre sí mismo y aquello que le rodea, y no decide porque lo hizo mucho antes de su encuentro inicial con los indios. <<No pertenezco a nadie, excepto a mí mismo>>, asegura en un momento puntual, y esa es la sensación que ofrece durante su estancia en la ciudad donde en una partida de cartas gana el local de Jumbo (Raymond Burr), gracias a la tramposa intervención de Boston. Esta circunstancia genera la enemistad entre ambos hombres, distanciando más si cabe el norte y el sur, aunque también introduce el amor incondicional que Boston siente hacia el forastero a quien se entrega, a pesar de que a este solo parece importarle su beneficio. En realidad, es alguien más complejo, estamos ante un individuo contrariado, alguien que oculta sus sentimientos y que sufre su sino consciente de la imposibilidad de alcanzar aquello que le importa, quizá porque él mismo ha aceptado que nada puede florecer y sobrevivir a su lado, ni su amor por Boston y Gary ni el breve instante de luz que le genera la imagen sofisticada y emprendedora de Ann, en quien observamos sentimientos encontrados hacia el desarraigado sin familia, sin hogar y sin esperanza interpretado por Robert Stack.

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