Ir al contenido principal

Frenesí (1972)


La Inglaterra que vio nacer a Alfred Hitchcock era un país puritano de moralidad inflexible, de formas correctas y de tapar cualquier cuestión que alterase y trastocase la quietud moral y tradicional de una nación que todavía sentía y asumía ser la más civilizada y poderosa del mundo. Esa estricta moral victoriana sobrevivió a la muerte de la reina Victoria y, probablemente, pertenecer a una sociedad en extremo rígida, que prefería ocultar a tratar de forma natural temas incómodos para la época, como lo sería el sexo, condicionó al cineasta y provocó que uno de los temas reincidentes en su cine fuese la represión sexual. En Frenesí (Frenzy, 1972), su regreso al cine inglés después de su periplo estadounidense, tanto el sexo como su represión reaparecen a lo largo de la acción y del suspense que avanzan como y por donde quiere el cineasta. Hitchcock emplea a sus personajes, entre ellos al falso culpable a quien el destino (el propio cineasta) zancadillea una y otra vez para jugar con él —hacerle padecer y empujarle al límite, hacia la irracionalidad en la que se descubre acorralado
, obligado a la clandestinidad, a la huida y a recuperar esa parte de sí (su condición social, su inocencia para la sociedad) que le ha sido arrebatada— y con la percepción del público, al cual convierte en cómplice y en víctima del juego propuesto y expuesto.


Durante el sufrido tránsito de Richard Blaney (John Finch), el último gran falso culpable hitchcockiano, conocemos su enfadado, sus brotes de violencia verbal, 
su fracaso profesional, tras haber sido héroe de guerra, y su amistosa relación con Brenda (Barbara Leigh-Hunt), su ex-mujer y propietaria de una agencia matrimonial, y la pasional que mantiene con Barbare (Anna Massey). Mientras, el realizador va apuntando aspectos del bullicioso y populoso ambiente de Covent Garden (la morbosidad que genera el cuerpo femenino encontrado sin vida en el río o la vida cotidiana del mercado) por donde Blaney se mueve, y por donde también lo hace el asesino que viola y estrangula con sus corbatas a mujeres. En un primer momento, las imágenes parecen indicar que Richard puede ser el criminal, pero Hitchcock no tarda en eliminar dicha sospecha y se decanta por mostrar al psicópata, rostro oculto de la represión y del desequilibrio, de apariencia respetuosa.


Como otros asesinos del realizador, Bob Rusk (Barry Foster) se encuentra condicionado por aspectos que habría que buscar lejos de las imágenes de la película, en su madre dominante y en la represiva autoridad que desequilibra a asesinos hitchcockianos como el de Norman Bates de la magistral Psicosis (Psycho, 1960). <<Frenesí es la combinación de dos tipos de películas: aquellas en las que Hitchcock nos invita a seguir el itinerario de un asesino: La sombra de una duda, Pánico en la escena, Crimen perfecto y Psicosis y aquellas otras en las que describe los tormentos de un inocente perseguido: 39 escalones, Yo confieso, Falso culpable y Con la muerte en los talones>>. La afirmación de François Truffaut es acertada, aunque incompleta, pues Frenesí también sigue una tercera vía: la de quien investiga los asesinatos. El inspector Oxford (Alec McGowen) es el tercer eje sobre el cual gira la trama. Desde él accedemos a la cotidianidad y a supuesta normalidad, aquella que descubrimos tanto en la oficina, donde disfruta del copioso desayuno que su subalterno envidia, y en su hogar, donde no prueba bocado debido a los platos elaborados por su mujer (Vivien Merchant). De ahí que más que su labor de investigación, pues todas las pruebas apuntan a Richard como culpable, la importancia que el cineasta concede al inspector es la que observamos en su casa. Allí descubrimos la relación y la monotonía que comparte con su mujer, una cotidianidad que los muestra opuestos aunque complementarios. Ella presenta una personalidad imaginativa y abierta contraria a la del policía, condicionado por los años de servicio y por las apariencias generadas por las pruebas circunstanciales. Estas pruebas son las que inician la persecución de Richard, tras el asesinato de su ex-mujer (en la única secuencia de violencia explícita). De ese modo, el falso culpable se convierte en una marioneta del destino que ve como la ley le persigue, sus amigos no testifican a su favor, aún conscientes de su inocencia, y su mundo se derrumba hasta dar con sus huesos en la cárcel, de dónde escapa para ajustar cuentas.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Sucker Punch (2010)

Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...

Honor de cavalleria (2006)

Hay que ser quijotesco para pretender trasladar a la pantalla el clásico universal escrito por Miguel De Cervantes , pero, quizá, resulta más quijotesco tomar a sus dos personajes principales y realizar o filmar fragmentos de su monotonía, fragmentos que se unen y que, en su sucesión, establecen la conexión entre la naturaleza y el ser humano, fragmentos que captan vida, comedia y drama (así los interpreto), fragmentos en los que parece no suceder nada, y sin embargo sucede la no aventura, los tiempos muertos y, para quien conecte con ellos (supongo que seremos minoría), estos entretienen. Albert Serra  crea sus propios Quijote ( Lluís Carbó ) y Sancho ( Lluís Serrat ) y los ubica en un espacio abierto natural, rodeados de sonidos, de iluminación natural, golpeados por el viento o refrescando sus cuerpos en corrientes fluviales. Son dos personajes silenciosos, prácticamente los únicos que asoman en las imágenes en las que Sancho guarda silencio mientras escucha como el caba...

Posición avanzada (1965)

Como narrador cinematográfico, Pedro Lazaga era muy bueno; el mejor ejemplo bien podría ser Cuerda de presos (1955), su película preferida, pero un fracaso comercial que le decantó hacia un tipo de cine de consumo fácil. Otro cantar es si aprovechó o desaprovechó su talento en películas y temas que, en su mayoría, estaban destinados a todos los públicos, es decir, a no tener el menor encontronazo con la censura y a hacer buenas taquillas. No era una cuestión de ego ni de política, carecía de las pretensiones de renovar el cine español que podrían encontrarse en un tipo Portabella o Saura, o ideológicas a lo Bardem. Tampoco perseguía un humorismo combativo y berlanguiano ni la suya era la pronunciada personalidad cinematográfica de un Regueiro, por no insistir en que Buñuel solo hubo uno y ese grandísimo “uno” rodó casi toda su filmografía fuera de España. Menos aún pretendía pasar por “autor”. Pero autor ¿de qué?, en una cinematografía controlada por la censura y, como cualquier otra, ...