Como otros asesinos del realizador, Bob Rusk (Barry Foster) se encuentra condicionado por aspectos que habría que buscar lejos de las imágenes de la película, en su madre dominante y en la represiva autoridad que desequilibra a asesinos hitchcockianos como el de Norman Bates de la magistral Psicosis (Psycho, 1960). <<Frenesí es la combinación de dos tipos de películas: aquellas en las que Hitchcock nos invita a seguir el itinerario de un asesino: La sombra de una duda, Pánico en la escena, Crimen perfecto y Psicosis y aquellas otras en las que describe los tormentos de un inocente perseguido: 39 escalones, Yo confieso, Falso culpable y Con la muerte en los talones>>. La afirmación de François Truffaut es acertada, aunque incompleta, pues Frenesí también sigue una tercera vía: la de quien investiga los asesinatos. El inspector Oxford (Alec McGowen) es el tercer eje sobre el cual gira la trama. Desde él accedemos a la cotidianidad y a supuesta normalidad, aquella que descubrimos tanto en la oficina, donde disfruta del copioso desayuno que su subalterno envidia, y en su hogar, donde no prueba bocado debido a los platos elaborados por su mujer (Vivien Merchant). De ahí que más que su labor de investigación, pues todas las pruebas apuntan a Richard como culpable, la importancia que el cineasta concede al inspector es la que observamos en su casa. Allí descubrimos la relación y la monotonía que comparte con su mujer, una cotidianidad que los muestra opuestos aunque complementarios. Ella presenta una personalidad imaginativa y abierta contraria a la del policía, condicionado por los años de servicio y por las apariencias generadas por las pruebas circunstanciales. Estas pruebas son las que inician la persecución de Richard, tras el asesinato de su ex-mujer (en la única secuencia de violencia explícita). De ese modo, el falso culpable se convierte en una marioneta del destino que ve como la ley le persigue, sus amigos no testifican a su favor, aún conscientes de su inocencia, y su mundo se derrumba hasta dar con sus huesos en la cárcel, de dónde escapa para ajustar cuentas.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...




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