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La caída de los dioses (1969)


Si en Rocco y sus hermanos 
el nexo familiar se encuentra en la madre, que ve como a su llegada a Milán la unidad se ve afectada por el nuevo entorno, y en El Gatopardo es el príncipe Salina quien observa como su estirpe y su posición peligra con la unificación de Italia, en La caída de los dioses (La caduta degli dei, 1969) ese pilar se descubre en Joachim Essenbeck (Albrecht Schönheln), quien, durante la celebración que los reúne, informa a los suyos de su intención de mantener buenas relaciones con un gobierno que no le agrada, pero al que se ve obligado a aceptar para que su empresa y su familia sobrevivan a los nuevos tiempos que se imponen. Con la muerte de este soporte familiar, la fundición cae manos de Friedric (Dirk Bogarde), su asesino, que la convierte en una fábrica armamentística al tiempo que intenta asumir el mando de un núcleo al que pretende acceder por vía matrimonial, y en el que, sin el referente que lo había mantenido unido, se desata la lucha por el poder. A partir de ese momento las hostilidades con las que se busca el control cobran protagonismo, así como el consentimiento y la aceptación de una ideología que solo Herbert (Umberto Orsini) rechaza, y lo hace abiertamente, lo que provoca que deba huir de un país donde se recompensa a quienes toleran y fomentan la depravación moral de un ideario que se sostiene sobre aspectos que caracterizan las personalidades de diversos miembros de la familia: violencia, perversión, ambición desmedida, crueldad o inclinación por la tergiversación de hechos y manipulación de individuos. En La caída de los dioses (La caduta degli dei) la decadencia familiar simboliza el final de una época y la implantación de otra que no solo afecta a los miembros de la familia, sino a quienes se encuentran dentro del radio de acción del régimen que, entre febrero de 1933 (la noche en la que se provoca el incendio del Reischtag) y agosto de 1934, busca consolidar definitivamente su poder. Durante este periodo se observa que la lucha que se desata entre los Essenbeck representa los conflictos por los que atraviesa un país dominado por la inestabilidad y por los enfrentamientos que se individualizan en ellos. A este respecto, podría decirse que Visconti representó los pilares del nacionalsocialismo en los Essenbeck, de tal manera que en Konstantin (René Koldehoff), miembro destacado de las fuerzas radicales SA, se descubre la brutalidad, en Friedrich y Sophia (Ingrid Thulin) la ambición extrema, en Martin (Helmut Berger) la crueldad, el narcisismo y la locura, mientras que en Gunther (Renaud Verley), inicialmente de carácter afable y afín a su tío Herbert, el odio que surge tras el asesinato de su padre (Konstantin) durante la "Noche de los cuchillos largos" (cuando las fuerzas de la SS eliminan a los dirigentes de las SA). Para alcanzar sus objetivos estos personajes sirven a los intereses de la ideología que se personaliza en Aschenbach (Helmut Griem), capaz de manipular a sus familiares a su antojo, jugando con sus debilidades, diferencias y ambiciones; así lo hace con Friedric, de quien se vale para deshacerse de Joachim, o con Martin (obsesionado con Sophia, su madre, y respaldado por el sistema a pesar de haber asesinado a una niña), cuando necesita que asuma las riendas de la familia porque el primero ya le resulta innecesario para los fines que persigue y alcanza al cierre del film.

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