lunes, 6 de junio de 2011

Paisà (1946)


Apenas había transcurrido un año desde Roma, ciudad abierta (Roma, città aperta, 1945), cuando Roberto Rossellini filmó esta obra maestra de ficción desde el realismo que, carente del melodrama que se observa en determinados momentos de su anterior película, le confiere la apariencia de documento histórico. En él se expone parte de la realidad vivida en la Italia durante la Segunda Guerra Mundial. La destrucción, la miseria, el hambre, la violencia o la muerte son características inherentes al conflicto armado que se va desarrollando a lo largo de los seis episodios que componen Paisà, los cuales, en su conjunto, dibujan de sur a norte el mapa de la península italiana durante un periodo de lucha por sobrevivir y por expulsar al ejército de ocupación alemán. La exposición de los hechos se enfoca desde el realismo con el que se muestra el lado humano de la contienda a partir del desembarco de las tropas aliadas en Sicilia, instante que queda reflejado en el primero de los seis capítulos de los que consta la película. En ese momento puntual los alemanes se baten en retirada, aunque continúan siendo una amenaza para el grupo de soldados americanos que llega a un pueblo siciliano donde son recibidos entre la curiosidad que provocan y los recelos que producen en unos vecinos que han sufrido un largo periodo de postración y sufrimiento. Este comando precisa un guía que les acompañe en su misión de explorar los alrededores. Carmela, una joven del pueblo, se ofrece como voluntaria, pero, durante su estancia entre ellos, la incomunicación, consecuencia de los distintos idiomas, es una barrera que lleva tiempo y paciencia superar.
El segundo capítulo se desarrolla en Nápoles, poco después de que las tropas aliadas liberen el sur de la península. En ese instante la ciudad se ha convertido en el centro de operaciones logísticas más importante del ejército aliado en Italia. Las mercancías llegan al puerto napolitano y desde allí se distribuyen a los distintos lugares donde luchan las tropas. Sin embargo a Rossellini le interesaba más mostrar al individuo, en este caso a un niño y a un soldado estadounidense, haciendo hincapié en la pobreza en la que viven los ciudadanos napolitanos, obligados a recorrer las zonas portuarias a la espera de hacerse con algo que les alivie en su mísera cotidianidad. Incluso los más pequeños se ven afectados por los estragos de la contienda que les ha condenado a la miseria, a la orfandad y a la vida callejera que se contempla en la pantalla. Uno de estos niños ayuda a un soldado ebrio que se ve envuelto en un altercado y, tras huir del lugar de los hechos, comparten parte del día. A pesar de no comprenderse, parece que se llevan bien, sin embargo, cuando el americano se queda dormido, el pequeño le roba después de haberle advertido que no se duerma o le robará las botas. Días después, el mismo soldado se encuentra con el ladronzuelo. Violento y enfadado, solo piensa en recuperar lo sustraído, por lo que trata al muchacho con dureza, hasta que descubre la carestía y la realidad que han obligado al niño a delinquir. El tercer episodio de Paisà avanza hasta Roma. El día 22 de febrero de 1944 los romanos ven como los alemanes empiezan a preparar su retirada. El 4 de junio los aliados entran en la capital y los habitantes salen a las calles para celebrar la liberación. Seis meses después, esa alegría ha desaparecido porque la situación continúa siendo desesperada para todos los vecinos de la urbe. Las consecuencias de la guerra perduran y ganarse la vida de manera honrada resulta complicado. Una de estas personas, Francesca, podría haber sido otra cualquiera, intenta sobrevivir ofreciendo diversión a los soldados norteamericanos, ya que ellos pueden proporcionarle comodidades a las que de otra forma no tendría acceso. Es una situación generalizada, son mujeres jóvenes que se han visto apuradas por las circunstancias a actuar de un modo que les avergonzaría antes de la guerra, pero, su nueva conducta se encuentra condicionada por la necesidad y la imposibilidad.

 La guerra y la reconquista de Italia llegan en la cuarta parte de Paisà y a las afueras de Florencia, donde los partisanos combaten contra alemanes y fascistas. En este capítulo, Rossellini se interesó por los desaparecidos, por las familias rotas y por la búsqueda desesperada de los seres queridos en una Florencia dividida por el Arno y por las diferente facciones que ocupan sus calles inseguras, por donde apenas asoma un alma. El miedo a los francotiradores provoca que la población civil se cobije en sus casas e idee métodos que les permita conseguir agua u otros bienes indispensables. Harriet y Massimo son los dos personajes en los que se centra el episodio, son seres desesperados que desean reunirse con las personas que quieren. Por ello deambulan por una hermosa ciudad hecha añicos, ajenos al peligro que les acecha, porque en sus mentes solo hay lugar para encontrar a quienes añoran. Con el quinto episodio, la guerra llega a la montaña de la Emilia-Romana -aunque fue rodada en un monasterio en las proximidades de Amalfi-, una muralla natural inexpugnable, donde cada pueblo debe conquistarse con trabajo, sangre y sacrificio. En una de estas pequeñas poblaciones se levanta un convento de monjes franciscanos. Una comunidad que ha visto como el conflicto ha mermado sus bienes terrenales, aunque no los espirituales. La situación de esta hermandad sufre un vuelco cuando tres capellanes del ejército norteamericano piden pasar la noche tras los muros del monasterio. Para los franciscanos resultan extraños, aunque no será hasta que descubren que dos de ellos no son católicos (uno judío y el otro protestante) cuando su pensamiento se muestra menos tolerante. La congregación se dirige al representante del catolicismo para saber si ha intentado llevarles por "el camino de la verdad" y el reverendo americano contesta que sus amigos también se consideran en posesión de la verdad. Para los tres extranjeros la experiencia bélica los hace iguales, sin distinción de raza o credo. Compartir el significado del combate y la cercanía de la muerte, les une, pero esta realidad resulta incomprensible para la cerrada e intolerante comunidad religiosa. La última parte de Paisà muestra a un grupo de partisanos y de soldados estadounidenses que luchan contra las fuerzas alemanas en el delta del Po. Es una batalla en la que el hambre merma la fuerza de luchadores rodeados por un enemigo superior en número. Deben esconderse, utilizar los canales del río para realizar cualquier mínimo movimiento. Este es el único episodio en el que se muestra la lucha armada, con anterioridad se había presentado como telón de fondo, pero en este momento del film, Rossellini incluyó el enfrentamiento por la consecuencia que acarrea, una consecuencia funesta que cierra de manera brillante esta obra maestra cuya exposición de los hechos destaca por la verosímil de sus imágenes, las cuales podrían pasar por las de un documento cinematográfico rodado durante la realidad que se muestra a lo largo de todo su metraje, y como tal prescinde de adornos dramáticos para acercarse a la veracidad que se expone para provocar que el público asuma sus propias conclusiones, reflexiones que de otro modo no serían posibles.

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