Inicialmente, la transformación de Annie se debe más a la necesidad del dandi, la de retener la suerte que representa en las manzanas de la vendedora, que a su gran corazón. De hecho, en los compases iniciales quiere desentenderse, pero las circunstancias lo obligan a aparcar su egoísmo, el cual se diluye a medida que el enredo lo engulle para que continúe apadrinando a la desfavorecida que, gracias a la intervención de su inusual hada buena, retiene la esperanza de que su hija no descubra su vida errante y alcance la felicidad que a ella se le ha negado. Al inicio de Dama por un día Annie camina desaliñada y cabizbaja por las calles del Broadway neoyorquino como una más entre los indigentes y la indiferencia (reflejo de la problemática social del momento), pero con la salvedad de que ella necesita vender sus manzanas para mantener a su hija lejos de la miseria dominante. Para ello, no solo la ha enviado al otro lado de Atlántico, sino que le ha hecho creer que pertenece a una familia de clase alta, que tiene su residencia en el hotel de lujo donde consigue el papel que llena con mentiras piadosas que acompañan al dinero que envía a Europa para pagar la educación y la manutención de Louise (Jean Parker). Sin embargo, la noticia de que Louise visitará Nueva York, acompañada de su prometido (Barry Norton) y del padre de este, el conde Romero (Walter Connolly), resulta traumática para la anciana, ya que su condición de mendiga, ocultada a su retoño durante años, podría significar la infelicidad de su hija. La desesperación de Annie implica la ausencia de sus manzanas, ausencia que genera en Dave la sensación de que la fortuna ya no se encuentra en sus manos y, para recuperarla, decide intervenir con el resto de sus compinches, provocando el enredo que domina una ágil y entrañable fábula en la que Capra prefirió la solidaridad, las buenas intenciones y los finales felices a la realidad, aquella que Annie oculta a su hija para protegerla de un espacio donde ni sus ilusiones y ni su inocencia sobrevivirían.
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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