Si la Ealing pasó a la historia del cine por sus comedias satíricas, la Hammer Films, otra de las míticas productoras británicas, lo hizo gracias a sus aportaciones al terror cinematográfico, género que modernizó durante las décadas de 1950 y 1960 recurriendo a figuras clásicas como Drácula, Frankenstein o la momia. Buena parte del éxito de la productora fue debido a la continuidad de un equipo estable, tanto técnico como artístico, entre quienes se encontraban Terence Fisher. Este cineastas londinense supo dotar a sus películas de un estilo que marcaría la pauta a seguir por otros realizadores del fantaterror. Además, su cine no solo era reconocido por su aspecto formal, sino por la presencia en muchas de sus películas de Peter Cushing y Christopher Lee, sin duda los rostros más emblemáticos de la casa y los dos protagonistas de esta destacada adaptación de la novela en la que Arthur Conan Doyle relata, a través de las memorias de Watson y de las cartas-informe que envía a Holmes, el misterio que gira alrededor de la leyenda que apunta la maldición familiar de los Baskerville. La intriga y el misterio del original literario lo hereda El perro de los Baskerville (The Hound of the Baskerville, 1958) de Fisher y, aunque su adaptación se sitúa entre el cine de terror y el de misterio, en sus manos se acerca más al primero que al segundo. El cineasta londinense creó una atmósfera inquietante, incluso terrorífica, que se materializa en el momento de su arranque, cuando la voz en off de un narrador todavía desconocido introduce la leyenda de Hugo de Baskerville. Este prefacio, que apenas dura cinco minutos, condiciona el resto del metraje al provocar la sobrecogedora sensación de irrealidad que nace del ambiente gótico donde el sádico sir Hugo (David Oxley) entretiene a sus invitados abusando de su criado, a quien finalmente asa en las brasas que calientan el salón, para poco después perseguir a la hija de aquél, que escapa a través del siniestro páramo hasta alcanzar las ruinas de una abadía tenebrosa donde el malvado la asesina antes de encontrar su muerte, al ser atacado por el perro infernal del que habla la maldición que el doctor Mortimer (Francis de Wolff) relata a Sherlock Holmes (Peter Cushing) y al doctor Watson (Andre Morell).
Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



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