domingo, 5 de febrero de 2012

El chico (1921)

Cuando Charles Chaplin se decidió a realizar su primer largometraje ya era uno de los nombres más famosos e influyentes del cine gracias a su inconfundible personaje de vagabundo con bigote, sombrero hongo, andar lastimoso y levita raída de talla reducida; ese peculiar personaje que le dio fama también sería el protagonista de El chico (The kid), una película que nadie, salvo él, creía que se pudiera realizar, puesto que se trataba de la primera comedia de larga duración, hecho insólito hasta ese momento, e imposible según los convencidos de que pretender hacer reír durante más de una hora provocaría la repetición sin sentido de los gags y el consiguiente aburrimiento por parte del espectador; sin embargo, gracias al perfecto equilibrio entre la diversión, la ternura y el drama resultó un éxito colosal y un fenómeno a nivel mundial. El chico (The kid) se inicia con una mujer (Edna Purviance) que sale del hospital donde ha dado a luz, sin embargo, esta madre no posee los medios para hacerse cargo de su criatura, porque ni tiene dinero ni sabe dónde se encuentra el hombre (Carl Miller) que tendría que ayudarla a criarla. La cruda realidad en la que se encuentran le puede y le obliga a tomar la decisión de abandonar al recién nacido, pero no sin antes buscar un lugar ideal que ofrezcan al niño todo aquello que ella no puede darle, pero por desgracia se equivoca, y el automóvil donde lo abandona resulta ser de dos delincuentes que no dudan en desprenderse del pequeño en una de esas calles por las que transita un vagabundo (Charles Chaplin) despistado. ¿Ha caído del cielo? ¿se le ha caído del carricoche, señora? ¿qué hago con este ser diminuto e indefenso que parece tener hambre? Son algunas de las preguntas que se formula el personaje chaplinesco sin necesidad de pronunciarlas, pues las cómicas imágenes que siguen al encuentro así las desvelan. Menos divertido resulta descubrir a una madre que se arrepiente y que se lanza en una infructuosa búsqueda, mostrándose desesperada ante la equivocación que ha cometido. El tiempo avanza y un rótulo anuncia que han transcurrido cinco años desde aquel momento, durante esos años se sobreentiende que el vagabundo ha criado al niño ofreciéndole todo su afecto. Las imágenes del presente muestran la precaria situación que les rodea; pero sobre todo permite comprobar, que a pesar de los impedimentos, son felices compartiendo su vida, su ilusión y su negocio. Padre e hijo son socios en una sociedad picaresca en la que el chico (Jackie Coogan, quien tras la película se convertiría en un icono social) rompe cristales para que el vagabundo los repare a cambio de algunas monedas, aunque por lo que se deduce de la presencia del policía, que no le quita el ojo de encima, no debe tratarse de un oficio muy legal. El chico (The kid) rezuma ternura, complicidad y un amor paterno-filial que provoca el olvido de la madre, hasta que Chaplin, consciente de la importancia de ésta para el relato, regresa su atención sobre ella. Así se descubre que la mujer ha triunfado como artista, sin embargo no ha podido dejar de pensar en su pequeño, y constantemente intenta llenar su vacío ayudando a otros niños. Esos instantes dramáticos también sirven para provocar el encuentro casual entre la madre y el padre del muchacho, quien le explica a su amada las causas accidentales de su separación. Charles Chaplin retorna a la comedia mediante una excelente y divertida pelea entre su chico y otro muchacho, aumentando la diversión cuando los pequeños son sustituidos por el vagabundo y por el hermano cachas del rival. Pero concluida la escena de mayor comicidad del film, la situación se torna trágica, golpeando sin piedad a ese entrañable núcleo familiar cuando el chico cae enfermo y su madre (sin saber que se trata de su hijo) se lo entrega al vagabundo. Como cualquier otro padre en su situación, el hombrecillo llama al doctor, un profesional que puede saber mucho de medicina, pero poco de lazos afectivos, ya que pretende separarles e ingresar al chico en un orfanato (el momento más duro, sincero y angustioso del film, quizá porque Chaplin vivió una experiencia similar en su infancia); no obstante, el vagabundo se opone, pero la simple oposición a veces no basta para hacer realidad los deseos, y menos los sueños del eterno romántico perdedor que siempre lograba una sonrisa con sus películas, y quizá también una lágrima; confirmándose al final de El chico (The kid) lo prometido en el rótulo inicial por ese irrepetible observador del mundo, un director que mostraba la miseria que descubría desde la risa y desde el sentimiento.

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