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La edad de oro (1930)


Hoy, el surrealismo se entiende como movimiento artístico; ayer, era una búsqueda y una postura vital, y Luis Buñuel era un surrealista confeso y practicante, incluso intransigente en su concepción del surrealismo como medio de revolución individual y social o, dicho de otro modo, como enfoque existencial desde el cual expresar su inconformismo y su rebeldía frente a la época. En su juventud parisina, más allá de manifiestos teóricos que hablaban de la libre expresión del pensamiento, sin barreras racionales o materiales, el surrealismo era transgresión, era el medio de mandar a paseo las normas establecidas, y, lo que para la mayoría carecía de sentido, para la minoría surrealista sí lo tenía. <<El surrealismo fue, ante todo, una especie de llamada que oyeron aquí y allí, en Estados Unidos, en Alemania, en España o en Yugoslavia, ciertas personas que utilizaban ya una forma de expresión instintiva e irracional, incluso antes de conocerse unos a los otros>>1. Aunque en apariencia resulte exagerado, el cine más surrealista de Luis Buñuel es sincero en su realidad, entendiendo "sincero" por ser el reflejo cinematográfico de su autor, de sus intenciones de entonces y de su necesidad vital de expresarse, de provocar y molestar a los amantes de lo políticamente correcto, a todos los guardianes, intransigentes y devotos de la moralidad burguesa…


La burguesía y la sociedad que evidencia en muchas de sus obras cinematográficas eran las mismas a las que, por origen, pertenecía, pero una cosa es el "pecado original" y otra muy distinta los "pecados" que voluntariamente se cometen para ir creando un camino propio. Así que, 
Buñuel escogió o encontró el suyo, y ni era el camino más sencillo ni el más complejo, sencillamente fue la senda que eligió para él y para su cine. De ambos, persona y obra, se ha hablado tanto que, de no ser un creador inclasificable y único en su género, el uno y lo otro correrían el riesgo de cansar. Pero él no, pues ni Buñuel ni sus películas más personales saturan o caen en lo común. Son únicas y, por ello, mantienen intacto su interés y su capacidad de provocación, de divertir, de reflejar costumbres y realidades de las distintas épocas vistas por el ojo deformador y sincero del cineasta aragonés. Sus películas, incluso las menos personales, son la imagen de su complejidad y de su afán transgresor, aunque a veces son menos simbólicas de lo que se dijo o dice. Sus films regresan con frecuencia a un punto de partida, que en cada paso andado ya no es un inicio, sino un continuar por los gustos, ideas, sueños/pesadillas, obsesiones y fobias de un autor rebelde y subversivo que, en 1930, también era un radical y joven surrealista que, por fuerza y convicción, realizó su declaración de intenciones en La edad de oro (L'age d'or, 1930), su segunda película y su primer largometraje…


No voy a negar que mis preferencias se decantan por el
Buñuel que tiempo después interiorizaría el surrealismo, transformándolo en un rasgo de su personalidad y de su pensamiento. Cuando ese surrealismo pasó a ser atributo buñuelesco, y no fruto de un movimiento externo, artístico y de protesta, cobró sentido pleno en su obra, en su camino cinematográfico, y alcanzó dimensión vital. Pero en 1930, el cineasta aún no había experimentado ni vivido etapas que afectarían su maduración como persona y como artista. Quizá por aquel entonces su meta fuese la de ser un cineasta surrealista, quizá el más surrealista de los cineastas, y dicha finalidad, además de protesta contra lo establecido, implicaba innovación. Con La edad de oro consiguió ambas, innovó y molestó con su crítica a la buena sociedad burguesa de la época y a los estamentos que le daban forma. <<En Un perro andaluz no hay crítica social ni de ninguna clase. En La edad de oro sí. Hay un partir pris de ataque a lo que puede llamarse ideales de la burguesía: familia, patria y religión>>2. Buñuel consiguió lo que se proponía: crear, expresar, ofender y molestar; vaya si lo consiguió, y su película fue un sonado escándalo, de tal magnitud, que fue prohibida. La innovación y el descaro del futuro realizador de Las Hurdes (tierra sin pan) (1932) lo confirmaban como el cineasta más surrealista del momento. Años después, recordaría que <<era la primera vez que se utilizaba en el cine la voz pensada>>3, lo que suponía ver una imagen en un lugar y escuchar las palabras en otro, lo cual le permitía jugar con el espacio y el tiempo, jugar con los personajes, con las imágenes y con la percepción del público. Muchos han intentado buscar un sentido único a películas como La edad de oro, y quizá nunca se logre encontrar el que verdaderamente pretendió su responsable en el preciso momento en el que la rodó, pues las imágenes de la película dan pie a interpretaciones varias, de igual modo que provocan reacciones dispares entre quienes la disfrutan o la rechazan, pero ¿a quién podría escandalizar hoy un film que ya no se ve como la intención de un artista en estado de rebeldía, sino como el mito que refleja a ese mismo artista? Por mi parte, no veo La edad de oro como surrealismo, pues nunca tuve la oportunidad de saber cuál era el significado real que los Louis Aragon, André Breton, Paul Eulard, Man Ray,... sentían o daban a lo surrealista, quizá por este motivo, las impresiones que me generaron los distintos visionados del film me llevaron a creer que había visto una sátira cómica de un Buñuel vital que arremete contra los convencionalismos, se burla de ellos, de ahí su incoherencia narrativa, al tiempo que pretende ridiculizar las señas de identidad que le habían sido impuestas por nacimiento y educación, aquellas que, posiblemente, implicaban cadenas morales, límites éticos y estéticos, que decidió romper para aspirar a mayor libertad como individuo y mayor compromiso con su arte cinematográfico y humano.



1.Luis Buñuel. Mi último suspiro (traducción Ana María de la Fuente). Penguin Random House, Barcelona, 2018
2,3.Tomás Pérez Turrent y José de la Colina. Buñuel por Buñuel. Plot Ediciones, S. A., Madrid, 1993.

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