martes, 6 de mayo de 2014

Preminger, control e independencia

Muchos de quienes trabajaron para Otto Preminger no guardaron un buen recuerdo de su experiencia profesional con el director de El rapto de Bunny Lake (Bunny Lake Is Missing, 1965) debido al genio incontrolable y al férreo control que este mostraba durante los rodajes de sus films. Sin embargo su fuerte carácter, también de talante progresista y liberal, resulta clave en su obra fílmica, ya que, si bien se inició dentro del sistema de estudios, su interés por controlar su trabajo lo llevó a una segunda etapa en la que se convirtió en productor independiente de las películas que dirigía. Pero mucho antes de que esto fuese posible, allá por 1924, se descubre a un joven estudiante de Derecho debutando en el teatro vienés a las órdenes de Max Reinhardt. Durante los años que siguieron Preminger iría adquiriendo experiencia y una reputación que le aupó dentro del ámbito de las artes escénicas en el que centró sus intenciones profesionales, quedando en el olvido su doctorado en leyes y su única película austriaca, Die Grosse Liebe, realizada en 1931. Cuatro años después, contratado por Joseph M.Schenk, emigraría a Estados Unidos donde en 1936 dirigió su primera película americana, Under your Spell, producida en la recién creada 20th Century Fox, a la que siguió Danger Love at Work (1937). Pero, durante el rodaje de Kidnapped (Alfred L.Walker, 1938), sus diferencias con Darryl F.Zanuck, socio de Schenk en la Fox, provocaron que fuese apeado del proyecto y viese como momentáneamente las puertas de Hollywood se cerraban para él. No obstante, este revés sirvió para que se trasladase a Broadway y retomase su carrera teatral, obteniendo un enorme éxito con su papel en la obra Margen de error, lo que propiciaría su vuelta a California para aparecer primero en The Pied Pider (Irving Pichel, 1942) y posteriormente en la adaptación cinematográfica de Margen de error (Margin for Error), película en la que aceptó participar con la condición de que él mismo fuese el encargado de dirigirla. Aunque este film fue bien recibido por la crítica, no presagiaba la obra maestra que realizaría a continuación y que lo encumbraría como realizador. Laura (1944), considerada como su obra cumbre, inicialmente solo iba a ser producida por el cineasta austriaco, pero Rouben Mamoulian, el encargado del proyecto, renunció a dirigirla, y de ese modo Preminger pudo materializar uno de los grandes clásicos del cine negro americano. Durante los años que siguieron rodó, entre otras producciones, dos comedias que tendrían que haber sido dirigidas por Ernst Lubitsch, pero los problemas de salud del director de Ninotchka (1939), y su posterior fallecimiento, provocaron que La zarina (A Royal Scandal, 1945) y La dama de armiño (That Lady in Ermine, 1948) fuesen filmadas por Preminger, y quizá por ello resulten films carentes del famoso toque del cómico berlinés. Mucho mejores fueron sus siguientes aportaciones al género negro en ¿Ángel o diablo? (Fallen Angel, 1945), Daisy Kenyon (1947), Vorágine (Whirlpool, 1949), Al borde del peligro (Where the Sidewalk Ends,1950), Cartas envenenadas (The Thirteenth Letter,1950), un remake de El cuervo (Henri-Georges Cluzot,1943), o Cara de Ángel (Angel Face, 1952), realizadas antes de concluir su contrato con la Fox y de participar como actor en Traidor en el infierno (Billy Wilder, 1953). En 1954 asumió un encargo de Darryl F.Zanuck para mayor gloria de Robert Mitchum y Marilyn Monroe, los protagonistas principales de Río sin retorno (River of No Return, 1954), el único western de su filmografía y el punto de inflexión en su carrera artística. A partir de entonces inició un periplo más personal e independiente en el que abordó aspectos raciales en el musical Carmen Jones (1954), la problemática de la drogodependencia en el intenso drama urbano El hombre del brazo de oro (The Man with the Golden Arm, 1955), protagonizado por Frank Sinatra y Kim Novak, o su perspectiva del entorno marcial en El proceso de Billy Michell (The Court Martial of Billy Mitchell, 1955). A medida que se afianzaba en su faceta de director-productor sus películas se fueron transformando en producciones de elevado presupuesto con repartos estelares, aunque no por ello carecen de la crítica que caracteriza a este periodo en el que también se acercó al sistema judicial en Anatomía de un asesinato (Anatomy of a Murder, 1959), otra de sus grandes películas, a la creación del estado de Israel en Éxodo (Exodus, 1960), cuyo guión fue firmado por el hasta entonces perseguido Dalton Trumbo, al ámbito político en Tempestad sobre Washington (Advise and Consent, 1962), al seno de la Iglesia Católica en El cardenal (The Cardinal, 1963) o al género bélico en Primera Victoria (In Harm's Way, 1965). Sin embargo, a partir de la segunda mitad de la década de 1960 su cine pierde fuerza y atractivo al padecer una acentuada irregularidad que resta interés a películas como la fallida Skiddo (1968), la insulsa Dime que me amas, Junie Moon (Tell Me that You Love Me Junie Moon, 1970) o la adaptación del escritor Graham Greene en El factor humano (The Human Factor, 1980), su último largometraje; pero ninguno de estos y otros desaciertos enturbian sus muchas y excelentes aportaciones al séptimo arte.

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