viernes, 30 de enero de 2015

Redacted (2006)

Una conclusión tan innecesaria como lógica sería aquella que afirma que ninguna guerra existiría de no existir el ser humano, lo que implica que la responsabilidad de las acciones derivadas de los conflictos armados tengan su principio y su fin en los humanos que participan en ellos y en los intereses de una minoría que envía a combatir a miles de jóvenes que ven como, en tiempos de guerra, parte de sus principios desaparecen al sufrir su naturaleza una metamorfosis que, en casos como el expuesto por Brian De Palma, los impulsa a cometer y justificar actos enfermizos y brutales que se pierden en el olvido de la realidad histórica, y también en la ficción cinematográfica, poco dada a mostrar la guerra desde una perspectiva que, con menor o mayor acierto, sí ha abordado De Palma en Corazones de hierroRedactedLos primeros minutos de esta última muestran la desidia, la inactividad y el aburrimiento de un grupo de jóvenes soldados estadounidenses destinados en Samarra, donde tienen la misión de vigilar uno de los puestos de control de carreteras de la ciudad. Estos militares han sido entrenados y enviados a combatir, sin embargo no han entrado en acción, al menos no en una acción de combate entendida como tal, en la que luchen contra un enemigo reconocible en un terreno también reconocible. Para estos jóvenes la estancia en Iraq transcurre entre el campamento donde intentan pasar el tiempo y el puesto donde comprueban a diario que en el interior de los vehículos no viajen insurgentes. Pero ¿cómo reconocerlos? Ante un enemigo invisible y silencioso, los soldados se encuentran desorientados, lo que provoca su confusión y la idea de que cualquiera es un enemigo potencial, un error que implica víctimas inocentes. Estos infantes de marina apenas muestran remordimientos por la muerte de inocentes, quizá porque en sus mentes condicionadas y, en casos particulares, limitadas por una mentira, medias verdades o por la tergiversación de la realidad, todos pueden ser enemigos, lo que implica comportamientos tan aberrantes como en el que se desata a raíz de que una mina terrestre se cobre la vida del sargento Sweet (Ty Jones). Pero, en realidad, no se trata ni de la explosión ni de su estancia en suelo iraquí, sino de aquello que se libera en el interior de soldados como Reno (Patrick Carroll) y Rush (Daniel Stewart Sherman), cuya estancia en el conflicto se convierte en la escusa que les permite dar rienda suelta a una naturaleza ya de por sí desequilibrada. Si en Corazones de hierro, De Palma rodó un bélico ambientado en la guerra de Vietnam, en Redacted esta guerra se desarrolla en Iraq en el año 2006, pero el cambio de tiempo y ubicación no altera el comportamiento de algunos soldados que actúan a su antojo contra la población civil y, para mayor coincidencia entre ambos films, la víctima adquiere el rostro de una joven oriunda del lugar, en este caso concreto una adolescente de quince años a quienes dos soldados ultrajan, violan y posteriormente asesinan, como también hacen con varios miembros de su familia para que no exista ningún testigo de su brutalidad. A raíz de este terrible instante, grabado por la omnipresente cámara de Salazar (Izzy Diaz), se observan las reacciones de aquellos que han cometido el crimen, que no presentan el menor remordimiento, la de las autoridades, cuando los hechos circulan por la red, y la de quienes, como McCoy (Rob Devaney) y Salazar, se han mantenido al margen de la violación en la que no participaron, pero tampoco evitado a pesar de ser conscientes de su salvajismo y premeditación. Esta postura, la de mantenerse al margen, no tarda en afectarles, lo que provoca que ambos deseen sacar a la luz el suceso acaecido en la casa de la adolescente, un hecho que Salazar no podrá difundir ni denunciar y que McCoy, sin pruebas físicas que presentar ante quienes prefieren no profundizar en el asunto, no podrá olvidar mientras viva.

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