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Neville, un cineasta popular


Diplomático, abogado, taurófilo, articulista, humorista, novelista, autor teatral, pintor, productor cinematográfico, guionista o director, son algunas de las múltiples facetas que descubren parte de la figura de Edgar Neville, un personaje fundamental dentro de la cinematografía española de la posguerra, autor de películas originales, inolvidables y populares que forman en su conjunto un universo creativo único dentro del cine español de cualquier época. Neville, nacido en el seno de una familia de la aristocracia, cuarto conde de Berlanga del Duero, tuvo acceso a una educación privilegiada que le llevó a cursar la carrera de Derecho y posteriormente a ser enviado a Washington como secretario de la embajada española en la capital estadounidense, allá por el año 1928. Sin embargo, sus inquietudes apuntaban hacia otros ámbitos, el de la cultura y el buen vivir. Así pues, no tardó en abandonar el puesto que ocupaba en la sede diplomática y se trasladó a la meca del cine, donde se codeó con directores, actores o actrices tan influyentes como Charles Chaplin, Mary Pickford o Douglas Fairbanks. Gracias a su amistad con Chaplin la poderosa MGM le contrató como adaptador y supervisor de diálogos en las versiones de films destinados al mercado hispano; de igual modo, el famoso actor y director contó con él para un papel de reparto en su mítica Luces de ciudad (City Lights). La estancia de Neville en Hollywood propició la llegada de amigos y compañeros de generación: Eduardo Ugarte, Luis Buñuel, José López Rubio, Enrique Jardiel Poncela o Tono, destacado humorista vanguardista y, según cuentan gran amigo del realizador. Pero antes de su estancia en Estados Unidos, Neville ya había demostrado sus inquietudes artísticas al lado de un grupo de talentosos e ingeniosos artistas de vanguardias (entre quienes se encontraban varios de los ya citados y Miguel Mihura), a quienes se dio a conocer como "la otra generación del 27", aunque sería durante su etapa hollywoodiense cuando se produjo su aprendizaje cinematográfico, al iniciarse en las técnicas del cine sonoro o en su faceta de guionista y supervisor de dirección en la versión en lengua castellana de El presidio (1930). De vuelta a España escribió algunos guiones para otros realizadores, y en 1935 debutó en la dirección de largometrajes con El malvado Carabel (1935), la primera versión de la comedia de Wenceslao Fernández Florez, a la que siguió La señorita de Trévelez (1936), en la que adaptaba a Carlos Arniches. Durante la Guerra Civil filmó tres cortometrajes para el bando nacional, y a su conclusión realizó para aquellos varias películas de propaganda como Frente de Madrid (1939) o La muchacha de Moscú (1942). Por fortuna se desentendió de ese tipo de films y no tardó en rodar sus obras más destacadas: La torre de los siete jorobados (1944), La vida en un hilo (1945), Domingo de Carnaval (1945) o El crimen de la calle de Bordadores (1946), todas ellas películas indispensables que muestran un estilo propio, en ocasiones deslavazado, basado en la mezcla de humor castizo, inteligente y original. La torre de los siete jorobados, mezcolanza de comedia, suspense, fantástico y expresionismo, define a la perfección el talento de un director que, después de estrenar esta inclasificable y magnífica película, decidió crear su propia productora, convirtiéndose de ese modo en realizador independiente dentro de un sistema dependiente. En 1945 dirigió y produjo La vida en un hilo, en la que contaría con colaboradores fijos tanto en apartados técnicos como artísticos, destacando en este último la presencia de la actriz Conchita Montes, protagonista de muchas de sus películas. Ese mismo año llegaría Domingo de Carnaval, intriga sainetinesca en la que plasmó el Madrid popular asiduo en sus films. Durante esta década de esplendor también rodaría el interesante drama histórico Correo de Indias (1942), Nada (1946), adaptación de la premiada novela homónima de Carmen Laforet, o El marqués de Salamanca (1948), narración biografía del impulsor de una de las primeras líneas ferroviarias españolas. Los años cincuenta comenzaron con una brillante comedia, El último caballo (1951), que sigue los pasos de un joven ex-soldado que se empeña en salvar la vida del equino al que tomó cariño durante su estancia en la milicia. Posteriormente tendría la oportunidad de acercarse a una de sus muchas aficiones en el documental Duende y misterio del flamenco (1952), quizá el mejor film realizado sobre este arte popular. P
ero el fracaso comercial de la destacada comedia de episodios La ironía del dinero (1955) provocó el cierre de su productora, lo cual implicó trabajar como asalariado en sus dos últimos films: El baile (1959), basada en su exitosa obra teatral, y Mi calle (1960), quizá la más personal de sus creaciones fílmicas, pues en ella condensa recuerdos y gran parte de su cine. Autor de diez novelas, once comedias teatrales y veintiún largometrajes, Neville se ganó un puesto en la Historia de las Artes españolas, y un lugar privilegiado dentro de la filmografía hispánica, tanto en su faceta de director como en la de guionista, para él la de mayor importancia.


Filmografía como director


El presidio (1930)

Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931)

Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si o la vida privada de un tenor (1934) (cortometraje)

El malvado Carabel (1935)

La señorita de Trévelez (1936)

La ciudad Universitaria (1938) (cortometraje documental)

Juventudes de España (1938) (cortometraje documental)



Vivan los hombres libres (1939) (cortometraje documental)

Verbena (1941) (cortometraje)


La muchacha de Moscú (Sancta Maria; 1942)

La parrala (1942) (cortometraje)


Café de París (1943)









El traje de luces (1947)

Nada (1947)







Cuento de hadas (1951)

El cerco del diablo (1952)

Duende y misterio del flamenco (1952)



El baile (1959)


Mi calle (1960)


Filmografía como guionista


El presidio (1930)

En cada puerto un amor (Carlos F.Borcosque, Marcel Silver, 1931)

Yo quiero que me lleven a Hollywood (1931)

La traviesa molinera (Harry d'Abbadle d'Arrast, 1932) (diálogos)

Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si o la vida privada de un tenor (1934) (cortometraje)

El malvado Carabel (1935)

La señorita de Trévelez (1936)

La ciudad universitaria (1938) (cortometraje documental)

Juventudes de España (cortometraje documental)


Vivan los hombres libres (1939) (corto documental)

Verbena (1941) (cortometraje)

La muchacha de Moscú (Sancta Maria; 1942) (diálogos de la versión española)

La parrala (1942) (cortometraje)


Café de París (1943)





El traje de luces (1947)


El señor Esteve (1950)


Cuento de hadas (1951)

El cerco del diablo (1952)

Duende y arte del flamenco (1952)



La engañadora (José Díaz Morales, 1955) (basada en su obra de teatro La vida en un hilo)

El baile (1959)

Mi calle (1960)

Prohibido enamorarse (José Antonio Nieves Conde, 1961) (adaptación)

El diablo en vacaciones (José María Elorrieta, 1963) (basada en su obra teatral)

Una mujer bajo la lluvia (Gerardo Vega, 1992) (basada en el guión de La vida en un hilo)



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