Una alternativa de la realidad Por Antonio Pardines Una de las ideas expuestas por Zach Snyder en Sucker Punch (2010) nos dice que la libertad se genera y se alcanza en la mente, pero el realizador no profundiza en aquello que insinúa y se recrea en el artificio audiovisual que solapa la idea central del film. Condicionada por aquello que el pensamiento fantasea y modifica según los conocimientos adquiridos, la imaginación es la vía de acceso al estado idealizado por la protagonista, un estado para ella real y que plantea interrogantes como ¿qué es fantasía y qué es realidad? ¿Dónde empieza la una y termina la otra? ¿O quién las delimita? Para Baby Doll ( Emily Browning ) la realidad es el gris encierro que sufre antes y durante su estancia en el centro psiquiátrico que su mente transforma en el colorido físico y musical donde sumerge su mente para alcanzar la libertad. Tanto en el espacio opresivo donde vive su encierro como en aquel otro que ella transforma en fantasía prima el bar...



La peli me parece un prodigio absoluto, tan sensual y voluptuosa pese a la mirada soviètica.Y yo sí voy a pronunciarme en contra de su prescindibilidad en el fondo. Es evidentemente propagandística, pero las desigualdades socio-culturales y políticas que recoge son innegablemente reales.Para mi es un testimonio valioso.La Cuba de Batista era una colonia de explotación yanki.
ResponderEliminarNo te falta razón en lo que dices sobre la Cuba de Batista, que era un país donde la minoría privilegiada vivía a años luz del pueblo que sufría carestía, abusos y ausencia de libertades; pero la que le sustituyó fue de exclusiva de Castro y no de los cubanos. Las promesas de la Revolución se quedaron por el camino y la explotación siguió caminando para beneficio de otra minoría, aunque lo hiciese de forma distinta (y en algunas cuestiones con acierto, como la educación y la sanidad pública) y sin los yankis. El mundo humano es un tanto extraño, por decirlo de alguna modo. Lo que puede ser hoy una lucha justa, mañana corre el riesgo de dejar de serlo y deparar nuevas injusticias, porque, al final, el poder gusta y suele ser para unos pocos, de la ideología que sea, y para mal de muchos. Las imágenes de la película me parecen espléndidas y aplaudo su testimonio (y cualquier testimonio), o su reconstrucción de la realidad que muestra, de la cual no dudo, pero me resulta prescindible, al asumir una perspectiva crítica, la que intento con todo lo que tiende a indicarme qué pensar o cómo pensar; cuando soy consciente de que lo que veo busca guiarme sin ofrecerme más opciones que la suya. En Cuba, cuyo cine me gusta y valoro, no se permitieron demasiados testimonios cinematográficos ajenos a la ortodoxia marcada por el poder establecido; algo que ha pasado y pasa en cualquier lugar donde la libertad de expresión no tenga vía libre. Supongo que también estaría bien tener el testimonio cinematográfico de la represión posterior y de otras circunstancias que fueron apagando las ilusiones revolucionarias iniciales, las de aquellos que lucharon por un país libre y se descubrieron atados.
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